En Camagüey, la ciudad de calles sinuosas y trazado en forma de laberinto, existe desde hace más de un siglo una dicotomía entre los nombres actuales de sus arterias y aquellos que el Ayuntamiento desde 1899 comenzó a cambiar, a propuesta de sus vecinos, para honrar a sus hijos ilustres o por el afán modernizador del nuevo siglo. Esta suerte de ambivalencia extravía a sus habitantes menos expertos, a visitantes, o se convierte en reto para aquellos que desean orientar a algún amigo perdido en el Legendario Camagüey. Gerardo Castellanos en 1939, menciona su inquietud con respecto al tema en Pensando en Agramonte. Me apropio de sus palabras, porque voy hablar de una vía pública a la que él hace referencia. […] ¿Porqué suprimir su nombre a la calle Alegrías y a la de Desengaño, y a la de Micaelita, y a la de Palmas y a la de Ángeles y a la de Arrieta y así otras de clásico colorido local?
Sin embargo, no coincido totalmente con Castellanos, con Nicolás Guillén o más cercano en el tiempo con Manuel Villabella; los cuales retomaron la cuestión en varias ocasiones. Creo que la memoria cultural es importante y que sustituir nombres públicos conlleva a correr riesgos: el de la persistencia al unísono de ambas denominaciones. Hay nombres que indistintamente se asientan con su presencia en varias generaciones o que logran desarticular el que lo antecedió y, por último, como un bastión toponímico, están los que no reconoce la población pese a la oficialidad que ostentan; en este último caso siempre he opinado que han sido insuficiente los medios para promover los cambios y entonces el significado, para los pobladores, carece de un sustento juicioso.
Este es el caso del callejón Arrieta -designado así por los antiguos propietarios del lugar-, nombre que aún se conserva arraigado mientras el actual (oficial), Javier de la Vega, no es identificado con la calle. La propuesta para nombrar así a esta calle data del 12 de noviembre de 1928, presentada por el concejal Jorge Martínez Barreras y aprobada de manera casi inmediata, aunque dos años más tarde aún no existía la placa con la referencia al nuevo nombre.
Honor a quien honor merece
Pero…¿quién fue Javier de la Vega o porqué seleccionar su nombre para esa arteria? Esta puede ser la pregunta de muchos camagüeyanos que no conocen al patriota, que nació en Puerto Príncipe el 6 de mayo de 1851 y murió en su ciudad natal el 23 de noviembre de 1934.
Javier fue militar destacado que participó en ambas contiendas libertadoras (1968 y 1895). El 16 de noviembre de 1868, con solo 17 años, se incorporó a la lucha independentista y peleó bajo el mando de Federico Castellanos Arteaga y del Comandante José Ramón Guerra Agüero. En 1872 pasó a formar parte del Regimiento “Caonao”, bajo las órdenes del Mayor General Ignacio Agramonte y, luego la caía en combate de El Mayor en el potrero de Jimaguayú el 11 de mayo de 1873, junto a sus compañeros de armas se coloca a las órdenes del Mayor General Máximo Gómez, quien lo ascendió a Teniente. Fue protagonista de importantes combates del Ejército Mambí entre 1873 y 1874, como: La Sacra, Batalla de las Guásimas, Palo Seco, Naranjo-Mojacasabe y el asalto al poblado de Cascorro. Participó en 1876 en la Segunda toma de Las Tunas. Fue herido en seis ocasiones y al concluir la guerra grande con el pacto de El Zanjón en 1878, ostentaba los grados de Comandante.
Su patriotismo y conocimientos militares lo conllevan a incorporarse el 5 de junio de 1895 a las tropas del Generalísimo Máximo Gómez en Camagüey. Participó en la Campaña Circular y fungió como Jefe del Estado Mayor del Ejército Libertador, hasta octubre de dicho año. Fue designado asesor del Mayor General Mayía Rodríguez, nuevo jefe militar del Camagüey, para organizar las fuerzas del Tercer Cuerpo en la región. En enero de 1896 partió hacia el Occidente junto a 25 de sus hombres, con la intención de reincorporarse a las tropas de Gómez; cruzó entonces la Trocha de Júcaro a Morón e intervino junto al veterano General en varias acciones militares. El 14 de mayo de ese año se hace cargo interinamente del Tercer Cuerpo, puesto para el que posteriormente fuera nombrado de forma oficial, el 28 de julio del propio año. El Consejo de Gobierno aprobó su ascenso a Mayor General, otorgado por el Generalísimo Máximo Gómez en 1897. En diciembre de ese mismo año fue separado de su cargo acusado de indisciplinas y desorganización en la fuerza militar bajo su mando, sin embargo, fue exonerado de las denuncias en enero del 1898, pero no acepta dirigir las fuerzas libertadoras nuevamente.
Fiel hasta su muerte
Durante la República Neocolonial por la reputación y prestigio que gozaba, fue elegido Presidente del Consejo Territorial de Veteranos de Camagüey. El 17 de marzo de 1930 es acusado de firmar un manifiesto contra la dictadura machadista, gobierno del cual fue uno de sus detractores más acérrimos.
Muere en su ciudad natal el 23 de noviembre de 1934, siendo sepultado en el Cementerio General de Camagüey. Diversas pertenencias personales forman parte de los fondos del Museo Provincial Ignacio Agramonte, entre ellas sobresale la copiosa correspondencia como Jefe del Tercer Cuerpo del Ejército Libertador.


