Adalberto Álvarez nació sonero

Foto: Archivo OHCC
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Nació para ser sonero, pues desde pequeño ya era muy musical, componía y sus temas eran interpretados por la agrupación Rumbahabana; aquel niño aún no conocía las claves, pero ya marcaba el ritmo”.

Recuerdo ese comentario hace algún tiempo sobre Adalberto Álvarez, de su compañera de estudios y amiga de la infancia, Lourdes Soler.

Su criterio coincide con el de muchos músicos cubanos, pero también otros creen que esa armonía está ligada a su segundo nombre: Cecilio, el cual se debe a su nacimiento el 22 de noviembre, día de Santa Cecilia, patrona de la música y la poesía. 

Tales coincidencias y sus dotes para el arte, lo llevaron a estudiar para convertirse en pianista, de forma inicial en un conservatorio particular ubicado en la calle Tatán Méndez, muy cerca del Teatro Principal de Camagüey.

Al triunfar la Revolución pasó al Conservatorio Municipal, junto a músicos de otros instrumentos, pero él y su colega Lourdes, fueron los dos únicos graduados de la especialidad de piano en 1968. La tesis de Adalberto Álvarez fue un homenaje a Miguel Matamoros.

El caballero del Son

Este título de honor, por el que Cuba entera lo reconoce, tuvo su vindicación al lograr que, desde el 8 de mayo de 2021, su género predilecto (el Son) tenga un día nacional.

La celebración nacional está dedicada a otra coincidencia, pues ese día, pero de diferentes años, nacieron dos grandes del género: Miguel Matamoros y Miguelito Cuní. Los temas de estos dos soneros cubanos fueron defendidos a lo largo de la obra musical de El Caballero, quien siempre pedía respeto para los mayores.

Su recuerdo se queda en Camagüey

Aunque nació en La Habana, su figura y la de sus padres siempre quedarán en el recuerdo de su querido Camagüey, su orgullo por esta tierra y sus deseos de regresar siempre para recorrer sus enrevesadas calles, era manifestado por él con énfasis en las entrevistas.

Amaba esta ciudad donde se dio a conocer como músico, bajo el abrigo de la agrupación Avance Juvenil, creada por su padre Nené Álvarez.

Estuvo en otras importantes orquestas con las que siempre regresó a cantarle a los camagüeyanos. Primero con Son 14, que se fundó en Santiago de Cuba, y desde 1984 y hasta el final de sus días, lo hizo con Adalberto Álvarez y su Son; agrupación con la que logró el Premio Nacional de Música en 2008.

La tierra de Agramonte siempre estuvo presente en sus proyectos más entrañables y ayudó a muchos, que desde Camagüey u otras partes del país, buscaban abrirse paso en los escenarios de la Capital.

Su iniciativa de crear la Fiesta del Tinajón, como una gran fiesta de la cultura camagüeyana que sacara de teatros, talleres y salones de ensayos a todas las manifestaciones artísticas, mostrarlas al público y promover su consumo; fue parte de su visión integradora. La idea fue abrazada y acompañada por la Oficina del Historiador, la Dirección de Cultura y otras personalidades e instituciones del territorio.

Recuerdo la primera conferencia de prensa que ofreció por allá por 2007, la misma tuvo lugar en el Gran Hotel. En ella se presentó, ante las autoridades del territorio, directivos de cultura y a los periodistas; la idea de esa festividad, donde la música tradicional y en especial el Son, tendrían un espacio de lujo: deseo cumplido con creces.

Camagüey con certeza seguirá recordando a este hijo querido, que nos hablará por siempre a través de aquellas melodías que engrandecieron al Son cubano; canciones con sentimiento y orgullo, como decía el sonero.

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