Álvaro Morell Álvarez, un joven consagrado al servicio de la Patria

Foto: Archivo OHCC
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Por: Raúl Cristovo Curbelo

El 5 de enero de 1936 nace en Camagüey Álvaro Morell Álvarez. Hijo de Álvaro Morell y Concepción Álvarez, quien al recordar las inquietudes patrióticas que inspiraban en el niño las frecuentes lecturas martianas y aquellas sobre otros héroes independentistas, expresaba:

“Era todo un carácter desde muy pequeño, asombraba con las preguntas que hacía en torno a temas políticos y sociales, y cuando no le satisfacían las respuestas se quedaba en largos silencios, como si buscara dentro de sí mismo la solución al planteamiento”

Al cumplir los 14 años ingresó en el Instituto de Segunda Enseñanza de Camagüey, donde se relacionó con otros jóvenes que compartían sus ideales. Ya no se sentía un planeta solitario, porque Rigoberto Cruz, Elpidio Lezcano y su estimado amigo Jesús Suárez Gayol, orbitaban en el mismo rumbo de pensamientos. Creían que su país merecía algo mejor que la sucesión de gobiernos corruptos, infestados de ladrones y plagado de males sociales, como el de Carlos Prío Socarrás, imperante entonces. El grado de latrocinio del presidente era tan elevado que se le abrieron expedientes judiciales por un desfalco de 140 millones de pesos.

Para constatar hasta dónde llegó la influencia, Gayol escribió en una autobiografía que Álvaro era el más profundo ideológicamente de todos los estudiantes. En ese escrito refiere también que escuchó hablar de socialismo por primera vez por su querido amigo, quien le prestó El Estado y la Revolución, de la autoría de Lenin.

Un hecho decisivo

El 10 de marzo de 1952, al producirse el golpe de estado de Fulgencio Batista, se persona en la jefatura del Regimiento 2, junto con otros estudiantes, y exige al jefe militar de la provincia una declaración condenatoria del cuartelazo de Batista y su camarilla; pero la destitución y sustitución del mencionado oficial frustra el logro del objetivo. Ese mismo día participa en una nutrida manifestación de calle, en señal de protesta contra el usurpador y sus esbirros, la que fue salvajemente dispersada.

Dada su capacitación política, entiende al instante el espíritu del asalto al cuartel Moncada, abraza aquella causa y ve en Fidel Castro el líder esperado, de modo que se convierte en ferviente admirador de la heroica gesta y capta a los mejores muchachos del Instituto para respaldar las ideas del patriótico acontecimiento. Por ese entonces estrechó sus vínculos con Cándido González, Jesús Suárez Gayol, Rodolfo Ramírez Esquivel y otros jóvenes revolucionarios; dispuestos a mantener viva la llama de la insurrección en tierras camagüeyanas.

Miembro del 26 de Julio

Es así como cuando se constituye el Movimiento 26 de Julio en Camagüey y “Charles” ayuda en todas las tareas. Su actividad en este Movimiento, en una de las etapas más duras de la lucha, coincide con el desembarco del Granma. No tarda en recibir la triste noticia de la caída de su querido compañero Cándido González, y de tantos otros jóvenes. Sabe que si Fidel está vivo la causa triunfará y se dedica con más ahínco a su labor en la ciudad.

Cuando Gayol, jefe de las Brigadas Juveniles en Camagüey, parte para México en 1956, quedan al frente de las mismas Álvaro Morell y Gregorio Junco. Pero los servicios de inteligencia de la tiranía persiguen a Morell, que buscó asilo en Santiago de Cuba con el Movimiento 26 de Julio. Su madre, nerviosa, empieza a buscarlo en la Ciudad Heroica. Para preservar la seguridad de ambos y la de los combatientes de la clandestinidad, se decide que vuelva a su tierra de origen. Tras el regreso viaja a Miami a continuar las labores revolucionarias, y el 28 de enero de 1958 recalaría en México.

Una pérdida lamentable

En la patria de Benito Juárez comparte con viejos amigos. Ocurre una nueva reunión con Suárez Gayol, que sería la última de los casi hermanos. Después de despedir a los compañeros permanece en México, solo. Por sus muchas ganas de estar en el suelo cubano para combatir la tiranía de Batista, se unió a la expedición de Campeche.

A la altura de Punta de Xacatal, cerca de Veracruz, el barco expedicionario sufrió desperfectos en una hélice. “Charles” es el primero que se brinda para reparar la avería. Dinámico como era, el valeroso revolucionario se lanzó al agua con botas y ropas y desapareció entre las turbulentas corrientes del Golfo de México.

Con sólo 22 años de edad, murió el 26 de abril de 1958, cuando intentaba regresar a la patria para tomar su puesto en la lucha armada contra la tiranía batistiana.

Antes de incluirse en la tripulación, Álvaro había pasado por Veracruz, donde se encontró con el abogado camagüeyano Raúl García Peláez, uno de los fundadores del Movimiento 26 de Julio, quien le había aconsejado eludir el viaje. Sin embargo, a Charles lo desesperaba apoyar a los miles de jóvenes liderados por el formidable Fidel Castro Ruz.

Bibliografía

Garcia Suarez, Ariel. Una joven vida consagrada a la Revolución. Granma, Abril 26, 1978.

Noa, Ariel. Alvaro Morell Alvarez, Bohemia, Junio 21, 1968.

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