Hablar de Ángela Coello Huerta, es hablar de una dama que supo romper moldes en una época donde el destino de las mujeres parecía escrito antes de nacer.
En una familia de once hermanos, seis varones y cinco hembras, hija de un simple chofer de guagua, creció en esos tiempos difíciles antes del triunfo revolucionario de 1959. Cuando no todo el mundo lograba la posibilidad de tener lo que quería y menos de estudiar.
Pero Ángela sentía algo que no se compraba: una curiosidad innata, una sensibilidad especial que la llevaba a sentarse junto a su padre en la calle Cuba, en el reparto La Caridad, para oír a Chibás por la radio. Luego escuchaban Radio Rebelde, naciendo desde la Sierra Maestra y desde entonces, nunca se ha despegado del dial.
Tenía apenas seis años cuando la radio comenzó a enamorarla
Mientras sus hermanos se colocaban limpiando zapatos, vendiendo billetes o trabajando de mensajeros, las hembras por lo regular eran niñeras o cocineras sin acceso a una profesión, Ángela escuchaba y decía para sí: yo no pienso casarme tan joven y menos hacer de criada, debo superarme.
Escuchaba a su padre conversar sobre la situación del país, prestaba atención a las transmisiones radiales, escuchaba ese llamado de dignidad que la llevaría, años después, a involucrarse en las tareas de la Revolución.
Porque ella, de todas las hembras de la familia, fue la única que se inclinó por estar en esas actividades. La que entendió que había que luchar por un mundo diferente.
Su hermano Roberto
El hermano más destacado en las luchas clandestinas contra el dictador Fulgencio Batista, fue Roberto Coello, uno de los sobrevivientes de la gesta Asalto al Carro Celular de la que mucho nos contó, antes de partir a la eternidad en 2023, sobre esta histórica operación organizada por el Movimiento 26 de Julio en La Ciudad, para cambiar el destino de los revolucionarios que allí viajaban rumbo a ser juzgados por el régimen imperante.
Ángela compartía su ideología, pero confieza haber conocido de sus acciones muchos años después, en cada evento se ponían en peligro muchos jóvenes de su célula revolucionaria, por eso, mientras menos personas supieran nombres y detalles, mejor.
Despues del Triunfo
Después de 1959 la vida le fue abriendo camino a Ángela. Primero en la Empacadora, trabajando duro en la línea de producción. Luego, en aquellos años 63 y 64, cuando convocaron a un concurso para probar voces en un concurso de radio y televisión que se llamó La Corte Suprema del Arte, del que salieron famosos artistas a nivel nacional.
Ella no ganó por aplausos porque entonces la popularidad pesaba más que la técnica, pero alguien vio posibilidades en ella.
Pasados unos días, la citación de Radio Cadena Agramonte llegó a sus manos para evaluar su voz profesionalmente.
Lo que Ángela no imaginaba era que, para realizar su audición le esperaba al piano el profesor Jorge González Allué. Con timidez asegura que no sostenía las piernas del nerviosismo, pero él, con esa caballerosidad y sencillez de los grandes, se acercó y le dijo: “Mire, ahora usted coja aire, respire, y cuando yo empiece a tocar, usted entonces entra”. Y así lo hizo y no le fue tan mal. Ese día, sin saberlo, estaba dando sus primeros pasos formales en eso que sería su gran amor: la radio.

Su aporte y sabiduría femenina
Si bien no volvió a audicionar, pues la vida la llevó por otros caminos, seguía como fiel oyente. No se dedicó a las artes, aunque lo lamenta, continuó en tareas necesarias para desarrollar la provincia, en la sede del PCC Provincial, en la sección de servicio, atendiendo las casas de visitas para importantes personalidades que pasaban por el Camagüey.
Pero más allá de sus logros personales, lo que la hace verdaderamente “una mujer adelantada a su tiempo” es su visión sobre el lugar de la mujer en la sociedad. Su consejo a las jóvenes de hoy resuena con una claridad que atraviesa décadas:
“Que no se amilanen, que estudien, se preparen, que no se encierren en una casa con un matrimonio o solo a tener hijos. La mujer tiene la oportunidad de superarse, de avanzar, de trabajar y de tener todos sus derechos a la vida, a la sociedad y de ser lo que ella quiera construir.
Todo hay que llevarlo a la par. El que ama a su esposa, quiere que sea una persona preparada, exitosa y eso es lo que se debe intentar.”
Esa mujer que habla no es una que tuvo todas las facilidades. Es una que creció entre once hermanos, que vio a su padre luchar como chofer, que vivió la clandestinidad revolucionaria de cerca, como cuando su hermano Roberto Coello se enroló en tareas, que ni hoy se saben todas, que trabajó en la Empacadora y que supo aprovechar las oportunidades que el triunfo revolucionario trajo: “espacios para estudiar, para buscar otro tipo de trabajo, para desarrollarse.”
Ángela, hoy desde la merecida jubilación y con el amor de sus hijos, nietos y amigos de la radio, es la prueba viviente de que el talento no entiende de orígenes humildes, de que la pasión no distingue entre varones y hembras, que estas últimas pueden y deben ser lo que sueñan.
La revolucionaria, luchadora, amiga y consejera es una mujer que entendió que la verdadera Revolución también se hace con la palabra, desde el trabajo y desde el ejemplo. Ese que dio a sus hijos y hoy transmite a sus nietas.
Apuntes de la Cronista
Al encontrar a Ángela en cada encuentro de la radio con sus oyentes, en cada programa de participación, en cada 8 de marzo, su vivencia nos recuerda que cada fémina que alza su voz, que estudia, que trabaja, que no se encierra solo a hacer labores hogareñas, como muchos esperan de ella, está construyendo ese mundo más justo por el que tanto se ha luchado.
Esta cronista que hoy tiene el privilegio de contar su historia, pudo verla presumir sus 85 años con aretes y peinado para la foto. “Espera Jesmir que me ponga bonita, no se puede perder la elegancia.”
Solo me queda decir: gracias Ángela, por recordarnos que la dignidad también se hereda, que la radio es trinchera y compañía para continuar aportando, y que una mujer adelantada a su tiempo no es la que adivina el futuro, sino la que siembra con su trabajo digno, las semillas de un mañana “donde todas podamos, por fin, ser lo que soñamos.”


