Ángeles de blanco (III): Elsa

Foto: Cortesía de la autora
Share on facebook
Share on twitter

En esta jornada quiero recordar a una enfermera de la manigua cubana, que no era titulada, pero salvó la vida de muchos mambises: Rosa la Bayamesa.

Al  estallar la guerra del ´95, residía en las lomas de Najasa en Camagüey y pronto le fue confiado el cuidado del Hospital de sangre denominado “Santa Rosa” con el grado de Capitana de Sanidad del Ejército Libertador.

Camagüey y la enfermería le deben a Rosa una reverencia. Hoy la he recordado al conocer a otra de las enfermeras del servicio de Cirugía de Mínimo Acceso del Hospital Provincial: Elsa Palacio Rodríguez. La comparación se me ocurrió al hablar de sus orígenes, pues ambas son mujeres humildes y dedicadas a curar.

Elsa

La protagonista de esta historia comenzó su lazo con la salud como secretaria de la sala de Poli- Traumas del Hospital Provincial. Allí vio el sufrimiento de los heridos que llegaban y miraba la labor de las enfermeras con deseos de ser una de ellas y poder ayudar.

En poco tiempo, le llegó la oportunidad de estudiar enfermería en un curso para trabajadores. Ya han pasado 20 años, de ellos 14 en esta sala, la cual considera su segunda casa y a sus compañeros una familia.

Es la jefa del Servicio de enfermería de mínimo acceso y con sano orgullo, presume que su sala no tiene indicadores de infecciones, porque allí se cumple un estricto protocolo.

También recuerda sus inicios como secretaria, porque allí comenzó el amor por su profesión, por servir a los necesitados y por sanar a los enfermos.

Por eso veo a Elsa y pienso en Rosa La Bayamesa, ambas guerreras de igual profesión que, como ángeles de batas blancas, ofrecieron consuelo ante el dolor y alegría por la salvación de cada ser humano.

Más relacionados