¿Añoranza, recuerdo?

Foto: misiones.cubaminrex.cu
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No son pocas las personas a las que le escuchamos decir frases como estas: …la mejor edad es la de estudiante, o … ¡la etapa de estudiante, esa sí fue maravillosa!, o …no hay otra como la etapa de estudiante…; y así, un sinfín de exclamaciones, muchas veces rozando la añoranza y la nostalgia.

Y claro, hasta cierto punto es razonable, pues en ese período de la vida es donde casi siempre solo tenemos la responsabilidad de estudiar, somos más jóvenes, no existen tantos compromisos de ningún tipo; a no ser el de prepararnos para poseer una profesión u oficio que nos permita llegar a nuestra edad laboral y garantizar nuestro futuro, y el de la familia que estemos por crear.

Lo cierto es que, para mí, encierra esa época recuerdos muy lindos, al igual que para muchos de mis contemporáneos. No obstante, reconozco que cada etapa tiene sus encantos y por eso no debemos aferrarnos a ese pasado vivido, sino disfrutar el presente y vivirlo con la misma intensidad que aquel que ya pasó, y si podemos, contribuir de alguna manera a la formación de las nuevas generaciones.

Por eso hoy, a la luz de este siglo XXI, cuando tengo la suerte de compartir con mis alumnos (sí, porque cada ejercicio docente debe ser eso, un compartir, un disfrute y un tomar de ellos y dar lo que poseemos; para que verdaderamente el intercambio sea genuino), me digo cuán importante es que tengan sus espacios de esparcimiento, de alegrías, de fiestas sanas. Esos espacios que cada 17 de noviembre también se promueven en cada centro estudiantil, en celebración a su día; pues cada maestro, cada trabajador de la educación, puede contribuir a que ellos, los jóvenes de ahora, de estos tiempos, se sientan reconocidos y necesarios para enfrentar los retos que tienen por delante.

Entonces es cuando me vuelvo a decir, y recomiendo a todos: no dejemos de felicitarlos ese día, tal vez con un gesto sencillo, como unas palabras de reconocimiento, podamos lograr que se sientan mucho más importantes para esta, nuestra ciudad; esa que está por cumplir sus 510 cumpleaños, y a la que tributamos todos. Esa es también una forma de hacer realidad el lema que identifica la campaña y de fortalecer el orgullo de ser camagüeyanos.

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