El día antes, paseó por la Plaza de Armas de la Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, y perfiló sereno la nueva fechoría.
Sopesó los pros y los contra, y no tuvo dudas de que la misión no tenía retroceso.
Se acarició la barba rojiza sobre su alargado rostro y se rió diabólicamente. Era Vasco Porcallo de Figueroa, nacido en Cáceres, España; el hombre más rico de Cuba y uno de los principales conquistadores y colonizadores de la Isla.

Vasco Porcallo
Solo faltaba una jornada.
Al día siguiente, desde un pequeño bosque con escasos árboles, la tropa divisó al cercano caserío, de caneyes y bohíos.
Estaba fuertemente armada, con arcabuces, espadas y cuchillos, para su misión de tierra arrasada.
Jácome de Sáez, el segundo al mando, distribuyó a los hombres en varios grupos, suficientes separados, para cubrir un amplio espacio: los jinetes y la infantería.
Todo estaba listo para irrumpir en el cacicazgo aborigen de Guáimaro.
Transcurría una soleada mañana de 1530.
Mientras los vándalos descansaban en el pequeño bosque antes de iniciar el ataque, el abundante vino rellenó las gargantas y las mentes se nublaron.
En el receso, Vasco Porcallo de Figueroa, evocó algunos de los pasajes de su vida de violencia, y se alegró por la nueva fechoría.
La invasión fue apocalíptica y él se ufanó de encabezar aquella masacre.
Cuando terminaron el genocidio y el saqueo, y ante el fuego y el humo de las casas incendiadas, los invasores volvieron a brindar con vino.
Vasco Porcallo de Figueroa montó en Cáceres, su fornido caballo de siete cuartas de alza, y ordenó la retirada.
A su regreso a Santa María del Puerto del Príncipe, ninguno de los atacantes contó la verdad de lo sucedido, sino solo relatos manipulados para ocultar la realidad.
Lo singular del caso es que el cacicazgo de Guáimaro estaba en paz con la Villa y le pagaba los tributos exigidos.
No todos los oyentes creyeron en los cuentos, y varios indiscretos relataron la veracidad.
Después de investigar los hechos, el Ayuntamiento protestó ante el Gobernador de la Isla y exigió justicia, pero no recibió apoyo.
Sucedió algo increíble: Vasco Porcallo de Figueroa destituyó a todos los miembros de ese órgano de Gobierno, y mandó a ahorcar al alcalde, por encabezar la protesta.
(Referencias a la masacre en el cacicazgo indígena de Guáimaro figuran en el libro Apuntes de Camagüey, de Jorge Juárez Cano).
(Relato tomado del libro inédito De lo que fue y pudo ser en Santa María del Puerto del Príncipe, en el que confluyen la realidad y la fantasía).


