Cándido González, un cubano de méritos

Foto: Archivo OHCC
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Por: Ricardo Muñoz Gutiérrez

Los amigos del barrio alrededor de la Iglesia de Santa Ana, en la calle General Gómez, recuerdan que Cándido González Morales, cuando tenía alrededor de 15 años era un joven trigueño, alto y delgado, sus amigos le llamaban “Jabalina”. Con su carácter alegre, jovial y dicharachero, llegaba al grupo de conocidos con sonrisa pícara, que escondía alguna jarana o un cuento. Como otros adolescentes, gustaba de la música y las fiestas y entre sus principales entretenimientos estaba la lectura; no le faltaban los romances. Su debilidad era el baile, se destacaba por ser malo; pero gozaba de simpatía entre sus contemporáneos.

Practicaba beisbol como lanzador —le decían Navaja Gonzáles— y primera base; en cada desafío jugaba como si le fuera la vida y cuando perdía se enfurecía, “… tiraba la gorra contra el suelo y la pateaba para descargar su mal humor…” y exigía revancha. A fines de 1943 organizó el equipo Santa Ana con los muchachos del barrio.

Estos rasgos de su personalidad no los abandonó en la lucha estudiantil y revolucionaria, donde demostró, además, valentía y madurez política, que le permitieron convertirse en el líder de la Juventud Ortodoxa y del Movimiento 26 de Julio en Camagüey.

Cándido, un gran líder

Siendo dirigente estudiantil de la Escuela Profesional de Comercio, con sede entonces en la Avenida de la Libertad, organiza un desfile portando un féretro, como símbolo del luto popular ante la situación reinante. Cándido dispuso que estudiantes de su confianza se situaran al final, para arengar y no permitir que los vacilantes abandonaran la marcha ante la posible represión policial, mientras él iría al frente. La policía los intercepta y trata de persuadirlos, pero la masa estudiantil continúa en dirección al Parque Agramonte donde a tiros fueron dispersados.

En la Escuela era frecuente el nombramiento de profesores sin concurso de oposición, conocidos como “profesores de dedo”, que muchas veces no tenían la preparación necesaria. Una forma peculiar de la oposición estudiantil fue la protesta contra la profesora Laura Masferrrer, que procedente de Holguín, había sido nombrada por su parentesco con el testaferro Rolando Masferrer. Cándido orientó a los alumnos que cuando la profesora fuera pasando la lista los alumnos se fueran retirando del aula, al mencionar el último nombre, salía el último de los estudiantes.

Había otras demandas. La Escuela funcionaba en un local privado, alquilado por el Gobierno, que muchas veces no pagaba; se exigía pago de los atrasos del alquiler y la agilidad en la construcción del nuevo edificio.

La noche del 5 octubre de 1949, tras varios días de paro por la no solución de las demandas, se decidió la ocupación de la Escuela. La policía alertada situó agentes en la puerta del plantel y en los alrededores; pero, la decisión había sido tomada y el deber era cumplirla, se imponía un plan y así se acordó.

Un grupo de los estudiantes más decididos se acercaron a la puerta, Cándido pidió la palabra y pidió calma a los presentes para poder hablarles:

—Yo les pido un voto de confianza a ustedes para ir a discutir la situación.

Exclamó el líder mientras alzaba la mano derecha y los policías comenzaban a bajar la guardia ante tales pretensiones.

Era la señal convenida, la vanguardia estudiantil avanzó hacía la puerta, sobrepasan a los agentes e irrumpen en el local cerrando la puerta inmediatamente. Comenzaba una de las principales batallas contra la Dirección de la Escuela y Gobierno. Quedó prohibida la entrada y la salida de todos los alumnos y profesores que estaban adentro, a pesar de que algunos lo pretendieron, e incluso amenazaron con hacerlo por la fuerza.

Al día siguiente la policía desalojó el local y Cándido, como máximo líder, y otros estudiantes, son detenidos; fueron acusados y quedan pendientes a juicio antes de ser puestos en libertad, pero no lograron amedrentarlos.

El Consejo Disciplinario de la Escuela sancionó a Cándido por falta grave; en el expediente como alumno anotaron la indisciplina:

“Dirigió en unión de otros acusados un movimiento de plena insubordinación en el local de la Escuela… excitando además moralmente a los demás alumnos a pronunciarse en absoluta rebelión contra preceptos vigentes y contra las medidas que se dictaron para contener la anarquía producida y posteriormente persistió en su rebelde actitud.”

Tales faltas, “insubordinación”, “excitación” y, muy importante, “persistir” contra la injusticia, debieron constituir para Cándido un reconocimiento a sus méritos que, el 6 de enero de 2024, en el 95 aniversario de su nacimiento, ilumina el camino revolucionario de la Cuba de hoy.

Fuente: Muñoz Gutiérrez, Ricardo: Mártires camagüeyanos, biografías. Libro en preparación.

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