Catástrofe en la iglesia parroquial mayor

Foto: Tomada de internet
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A Juan Alarcón se le fue la mano con Aguardiente de Jamaica y caminaba dando tumbos, en una noche sin luna por la calle de la Iglesia Mayor. Tenía el cerebro congestionado con una bebida de 50 grados. Era víctima de la ingestión desmesurada del aguardiente, una destilación de un fermentado alcohólico, basada en investigaciones de Arnau de Villanova (1240-1311), autor del arte de elaborar bebidas alcohólicas destiladas.

La bebedera había sido muy grande en la casa de su amigo Andrés Arias, quien ese día regresó de San Cristóbal de La Habana–vía embarcadero de La Guanaja– tras una visita a su hijo.

Juan perdió súbitamente la embriaguez, por un acontecimiento que estremeció a Santa María del Puerto del Príncipe.

Cuando se acercaba al templo, un estruendo ensordecedor, escuchado en un amplio sector de la localidad, lo hizo regresar a la cordura y escapó velozmente.

Se había desplomado la torre del templo, concluida en 1776, lo cual provocó en el techo el resquebrajamiento de una gran área y una notable hendidura.

Eran aproximadamente las diez de la noche del 24 de febrero, del año posterior a la culminación de dicha estructura.

Alarcón fue al día siguiente a ver los destrozos, esparcidos sobre el techo, la calle y la Plaza de Armas; y pensó en su suerte, pues por poco lo matan los escombros del desplome.

La catástrofe privó a la iglesia de su primer campanario, ya que antes la única campana de la edificación estaba sostenida por un trípode de madera dura asentado en el piso.

¡Qué noche!

Las negligencias y las chapucerías provocaron el derrumbe.

El hecho lastró los esfuerzos por dotar a la Villa, en imagen y funcionalidad, de un verdadero campanario a su iglesia principal; la cual tuvo su antecedente en un templo de madera y guano, construido en 1514 en el primer asentamiento ubicado al norte del territorio.

Y era lógica la aspiración de los principeños, pues la utilización de una campana colocada en una torreta para llamar a los fieles, era una tradición materializada a partir del siglo VI de nuestra era, según un informe de Gregorio de Tours, obispo de la ciudad francesa de Tours.

Después del desastre fue reedificada la torre. Entonces el templo era de una sola nave y constituía una reestructuración, en la cual fueron utilizados los muros de un edificio del siglo XVII.

El inmueble actual fue ampliado en el siglo XIX con dos naves. En una etapa de ese período, la autoridad colonial la convirtió, durante la guerra iniciada en 1868, en dormitorio de soldados, y después en un almacén de heno para alimentar a los caballos.

(Juan Alarcón y Andrés Arias vivieron en el siglo XVII en Santa María del Puerto del Príncipe, según documentos eclesiásticos originales de la época.

Una referencia histórica expresa que en 1776 se desplomó, poco tiempo después de ser construida, la primera torre de la Iglesia Parroquial Mayor de la Villa.

(Relato tomado del libro inédito De lo que fue y pudo ser en Santa María del Puerto del Príncipe, en el cual confluyen la realidad y la ficción).

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