Darisbel y Carlos soñaron su proyecto familiar durante el confinamiento al que nos obligó la Pandemia de la Covid-19, eso lo descubrí hace poco, mientras iba camino a otra crónica. Un aguacero sobrevino de repente y me obligó a escampar en uno de los portales de la Avenida de los Mártires, la espera me regaló esta historia.
El aburrimiento que genera esperar de pie me hizo ponerme a curiosear, y mi vista se detuvo en una pequeña vidriera, con todo tipo de materiales para el apoyo a la enseñanza primaria; también había algunas artesanías muy útiles para escritorios, otras muy originales para decorar un aula y, finalmente, artículos necesarios para celebrar cumpleaños infantiles.
La muchacha estaba detrás del mostrador y nuestras miradas se cruzaron, con amabilidad me dijo: puede acercarse a mirar, si tienes niños aquí podemos ayudarla.
-No, gracias, no tengo ya niños de escuela, la mía es universitaria-dije yo; entonces insistió, –bueno, espere a que pase el aguacero aquí– dijo ella y acepté.
Orígenes
Con mucho orgullo Darisbel me contó que durante el aislamiento carecía de materiales para repasar las teleclases de sus dos niñas pequeñas (una en las vías no formales y la otra en segundo grado). Fue necesario entonces crear algo llamativo, para simular un juego, en esos horarios de enseñanza; de esa forma el proceso sería menos engorroso en casa.
Comenzaron por las figuras geométricas, silabarios, componedores de letras y palabras y luego, unos cuadernillos para entrenar las manos en el trazado.
Al compartir la experiencia con otros padres en igual situación, fueron produciendo más cantidades de materiales y se propusieron que al terminar la pandemia, fomentarían una tienda con todos estos artículos tan indispensables para la educación, desde el preescolar hasta tercer grado (primer ciclo de enseñanza). Una vez concretado.
Así fueron ganando clientes y al retomar la normalidad, abrieron su emprendimiento, que llamaron “Celebrarte”, el cual fue creciendo según las demandas de sus clientes más asiduos: los niños.
Ya el local en la saleta de la casa, al costado de la parroquia de San José, se les queda pequeño; pues su esposo hace las impresiones y ella recorta y ensambla, mientras atienden al público.
Recuerda que en otra oportunidad una maestra de la escuela cercana, Grandes Alamedas, le encargó algunos sombreros y bastones de papel para sorprender a sus alumnos en la fiesta del 4 de abril; les salieron muy bonitos y sumaron esa variante a la producción.
Luego unos niños querían adornar su aula con algo hermoso y alegórico al medio ambiente y llegó la idea de confeccionar mariposas, búcaros uniflores, portalápices con árboles y rosas, marcadores con animalitos y otros diseños originales, con botellas recuperadas, cintas y trazos sobre foami de diferentes colores.
Sus clientes opinan
Continuaba la lluvia y mi espera fue suficiente para ver llegar con sombrillas a una madre con sus dos niños, que venían a buscar “un regalito” para una amiga del aula. Con esa elocuencia que la caracteriza y muchos deseos de complacer a sus clientes, Darisbel le mostró varios objetos según el presupuesto con que contaban. Los niños se fueron muy contentos con un portalápiz de cristal, decorado con una rosa rosada que, según ellos, era el color preferido de su amiga.
Al otro lado permanece muy callada la económica, es muy tímida y al dirigirle la palabra quedó sonrosada, pero bajito alcanzó a decirme que estaba muy feliz de trabajar con Carlos y Dari, esos artistas que apoyan la enseñanza primaria y se esmeran en cada pedido pues lo hacen, más allá de la economía familiar tan necesaria, pensando en los niños.
En ese instante nos interrumpió el párroco de la Iglesia, un joven mexicano, que venía por unos cuadernos de dibujo para los niños de la comunidad; con una sonrisa de gratitud se llevó el pedido, mientras comentó algo así: además de creativos, en esta tienda son muy formales con las entregas, me voy complacido, gracias.

Escampó finalmente
Casi una hora después escampó. Es tiempo de marcharme, la lluvia cambió mi crónica planificada por esta, pero creo que valió la pena, pues por azares del destino descubrí a esos artesanos del alma, que intentan apoyar la educación con sus creaciones.
No alcancé a conocer el apellido de los creadores, ni el nombre de la económica, pero sólo con preguntar por un sitio dedicado a útiles escolares y fiestas de cumpleaños, cualquier vecino te indica “… es allí, ellos son Carlos y Dari, siempre dispuestos a CelebrArte”.


