A la incorporación del Camagüey a la Guerra de Independencia de 1895, de su mambisado del 68 y de figuras claves para el alzamiento, dedicó ingentes esfuerzos el Delegado del Partido Revolucionario Cubano José Martí. En cambio, poco se aborda del aporte de las camagüeyanas en la emigración patriótica.
El aporte femenino a Martí en Santo Domingo.
Merece subrayarse que Santo Domingo pasó a ser segunda patria para muchos de los camagüeyanos y camagüeyanas que, por causas de la guerra del 68 y del 95, se vieron forzados a evadir la persecución y la captura de las autoridades policiales y militares españolas en la Mayor de las Antillas.
Tal desplazamiento del suelo natal, dejado con añoranzas de retorno rápido, encontró en tierra dominicana cálida acogida y amparo. Con esas garantías de apoyo allí fueron a su residir varias familias principeñas de apellidos que, con solo escucharlos dejaban reconocer el coraje y méritos de algunos de sus miembros que habían combatido en la epopeya del 68. Como sucedió, por solo citar estos ejemplos, con familiares de los Agüero, Arteaga, Boza, Castillo, Figueredo, Loynaz, Silva y Varona.
Tan pronto pisaron tierra en el litoral norteño de San Felipe de Puerto Plata, todas acudían a dar apoyo a la revolución gestada por el Maestro Martí. Con esa intención fue fundado el Club Hijas de Hatuey, el nombre del cacique rebelde cubano que no abjuró ante la humillación y el terror español.
Fue en suelo dominicano donde fuera creada por emigrados patriotas de la Isla, la “Agencia General en la República Dominica” del Partido Revolucionario Cubano, cuya responsabilidad aglutinadora y de funcionamiento llevaba el agente general Manuel Calás y Oduardo, quien, entre otras responsabilidades, recaudaba “los fondos de la guerra” con destino a Cuba y con ellos adquirir armas, municiones, pertrechos y medicinas con destino al campo insurrecto.
Ese aporte monetario consistió en la recaudación de 25 centavos donados por cada camagüeyana, en virtud del resultado del trabajo que cada una realizase, bien instruyendo en escuelas públicas, en labores de bordados y costurería, en talleres de tabaquería y en otros oficios útiles. Precisamente, en esas andanzas patrióticas y en búsqueda de sostén de familia entre las callejas arenosas del poblado pesquero de Puerto Plata, caminó Ángela Agüero [Rioseco], la camagüeyana que habría contraído matrimonio en la ciudad de Puerto Príncipe, en la iglesia de la Soledad, el 27 de febrero de 1838, con Carlos Guerra y del Castillo.[1]
Por cierto, se trató del hijo de Manuel Ramón Guerra y Varona y de Luisa del Castillo y Betancourt, esposos que, por causas de la Guerra de los Diez Años, tras el Pacto del Zanjón en 1878, habían pasado a territorio dominicano. Y a su reencuentro se dirigiría Ángela Agüero acompañada de su tía Luisa Betancourt y del Castillo, la hermana de la querida y dulce Juanita Betancourt y del Castillo[2], la esposa del ex comandante del Ejército Libertador Cubano Enrique Loynaz y Arteaga, pareja que había contraído matrimonio en la Iglesia Mayor de Puerto Príncipe, el 10 de julio de 1870. Estos eran los padres de Enrique Loynaz y del Castillo, fanático de Martí y a quien prestaría importantes servicios, hasta escalar al grado de general de brigada en la Guerra de Independencia de 1895.
Reforzaban el núcleo de la familia camagüeyana de los Castillo en Puerto Plata, los patriotas y laboriosos hermanos Carlos y Enrique Loynaz. La casa de don Carlos lucía la Bandera Cubana. Era él agente de la revolución en ese lugar.
Para más, sumaba la familia a Carlos Guerra y Varona, quien había dejado el hogar en el barrio de la Soledad para incorporarse a las filas de la insurrección en el 68. Como se aprecia, el puñado de cubanos residentes en Puerto Plata reunió a personas y a familias comprometidas con la labor política de Martí y por hacer cumplible el objetivo cardinal suyo, el reinicio de la guerra de emancipación cubana.
Una carta reveladora de una camagüeyana.
Fue precisamente en fecha de profundo sentido patriótico y de recordación de la Asamblea de Guáimaro de abril de 1869, que la señora Ángela Agüero dio a conocer sus recuerdos de su estancia en el seno de la emigración patriótica en la isla hermana de Cuba. A continuación, reproducimos las dos amarillentas hojas de esa misiva escrita en tinta ferrogálica de su puño y letra, la que por su contenido merece conocerse íntegramente. Es la primera vez que salen a la luz pública:
«1. 10 de Abril de 1946.
Queridas niñas:
Por iniciativa del Honorable Ministro de Educación se ha dispuesto que, unido a la Fiesta del Árbol que hoy se celebra por todas las escuelas de la Nación, en conmemoración de la firma de nuestra primera Constitución del 10 de Abril de 1869, en un rincón camagüeyano, en Guáimaro, se ha dispuesto que se celebre el Día del Emigrado Revolucionario. ¿Quiénes fueron los Emigrados Revolucionarios Cubanos?
El primer Emigrado Revolucionario Cubano lo fue José Martí, quien, como peregrino inigualable iba de pueblo en pueblo convenciendo con su elocuente palabra de la necesidad de hacer la guerra a España para derrocar su gobierno en Cuba, de recabar fondos para los gastos de la revolución, hospedándose en los fonduchos más baratos para gastar poco de ese dinero, que se necesitaba para la guerra.
El inmenso Martí fundó en los Estados Unidos el gran Partido Revolucionario Cubano, con delegaciones en todos los pueblos de América para reunir fondos para la revolución.
Cuando estalló la Guerra de Independencia, el 24 de febrero de 1895, yo era niña y emigré con una tía anciana y mi madre viuda, a la república hermana de Santo Domingo y puedo contarles algo de las emociones, de las alegrías y tristezas de los emigrados cubanos: cuando había una buena o una mala noticia de la guerra, nos buscarnos como hormigas, nos buscábamos, nos reuníamos para comunicarnos aquellas noticias y reír o llorar con ellas.
Allí había una delegación del Partido Revolucionario Cubano y un Club llamado “Hijas de Hatuey” para recaudar fondos, los cuales eran remitidos al Partido Revolucionario Cubano en los Estados Unidos, cuyo tesorero era el eximio patriota Don Tomás Estrada Palma [de ese modo lo nombró antes de saberse su ruptura con el ideario martiano y de su entreguismo a los Estados Unidos] para equipar expediciones, que trajeran a Cuba hombres, armas, alimentos y medicinas con que continuar la guerra.
A ese Club Hijas de Hatuey pertenecían mi tía y mi madre, contribuyendo modestamente del producto de su trabajo personal, pues carecíamos de otros medios de vida. Así hacían la mayoría de los emigrados residentes en la hermana república dominicana, repito, hermana porque los dominicanos nos ayudaban, se alegraban y sufrían con nosotros.
Como datos curiosos y de actualidad voy a presentarles papeles que conservo de aquellos dolorosos tiempos, tienen uno 51 años, otro 50 y el último 48. Quiero hacer contar que es primera vez que estos viejos papeles salen del fondo de un cofre donde los guardo, solamente como recuerdo y sin ninguna idea interesada»[3].
Recibida la orden de alzamiento simultáneo en estuche de tabaco en la Mayor de las Antillas, Estalló en armas Baire en el oriente el 24 de febrero de 1895. El Camagüey por factores organizativos diversos respondió a destiempo, en junio. Matanzas tuvo alzamientos simultáneos en febrero en Ibarra y en otros puntos de la región yumurina.
Para la fecha, vale precisarse, desde antes señoritas y señoras del corazón del Camagüey habían contribuido a la revolución de Martí.
[1] Carlos Guerra y del Castillo fue subordinado del Mayor Ignacio Agramonte en 1869. Su hijo Carlos Guerra y Agüero, ocupó el cargo de subprefecto del Partido de Camujiro, quien sin menoscabo de la autoridad del Mayor Agramonte y por lo dispuesto en consejo de guerra, hizo cumplir sentencia de fusilamiento a Antonio Rodríguez, por el delito de violación a una campesina colaboradora del mambisado.
[2] Los Castillos del Camagüey se agrupaba en la Plaza de san Francisco de Paula, frente a la Iglesia Mayor, en la calle del Cristo, y en la antigua plazuela de San Isidro, donde residió la admirada Juana del Castillo y Betancourt, espacio urbano de la actual ciudad que lleva su nombre.
[3] Por la fecha de redacción resulta evidente que la carta debió contener los recuerdos de la camagüeyana relativos a los años 1895 en adelante, ya iniciada la guerra en Cuba. El resto de los papeles que alude no llegaron a manos del autor de estas líneas.







