Crónica a caballo

Foto: Cortesía de la Autora
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En esta llanura de ganaderos y agricultores, resulta muy familiar que diferentes rutas de la ciudad cuenten con el servicio de transporte alternativo de coches tirados por caballos, para los visitantes resulta una atracción turística y para los citadinos; una forma de acortar distancias.

Por eso acudí a la ruta que lleva a la zona de los hospitales, para llegar hasta el parque de la Rubia, parada del extremo oeste, que me encaminaba a otra de mis crónicas.

Lo sorprendente de este viaje fue que, al subir al estribo del vehículo, su conductor no era cochero, sino “cochera”.

El viaje

El coche aguardaba vacío en la popular parada de La Borla, fui la primera pasajera en abordar, después del saludo, detrás de mí fueron llegando otros compañeros de viaje y al completar los 8 reglamentarios, partió el carruaje.

Al ver a una mujer y a un hombre conducir juntos, pensé que el conductor era él y ella su novia, pero estaba equivocada, pues las señales del tránsito, las órdenes a la yegua Carmela y además quien cuidaba cada detalle del vehículo, era ella.

Observadora de oficio, no pude resistirme a la curiosidad y le pregunto; ¿no te atreves a conducir tu sola, se notan tus habilidades para hacerlo?

Sí, claro, yo tengo mi propio coche y mi caballo, dijo, solo que hoy no estoy trabajando, aproveché el viaje con mi esposo para hacer algunas gestiones.

La historia

Ellos son: Faridis Galindo y Yosbani Pupo, ambos conjugan el amor por los caballos, el de pareja y los deseos de ganar el sustento de manera honesta; para lograrlo se alternan en el horario, el día que trabaja uno, el otro cubre la retaguardia hogareña, limpia y repara el coche, cocina  y ambos van juntos a cortar hierba para alimentar a sus dos equinos.

Hablan con orgullo de sus animales sanos, bien cuidados y con cero maltratos, porque si son la fuente de ingreso a su economía, cómo no tenerles cariño.

Yosbani fue quien convenció a Fary de conducir su propio coche hace más de un año, porque la veía con mucho amor por los animales y la entrenó en el recorrido para que perdiera el miedo a manejar. Parece que fue buena alumna, pues con mucha seguridad guía el camino y hasta corrige al esposo cuando se entretiene y no mira adelante.

Somos 5 mujeres cocheras en nuestro sindicato aquí en Camagüey, dice ella con orgullo, las mujeres somos muy valientes, a mí me encanta cochar (en el lenguaje popular del gremio, manejar un coche con caballo).

Ya casi llegando a mi destino le comento que soy la Cronista de la Ciudad y me gustaría escribir su curiosa historia, con cierta timidez me autorizó y de paso tiré la foto.

Llegué a mi destino

Antes de despedirme, le agradezco por el servicio y también por la sensibilidad, pues pude apreciar que pararon a recoger a muchas personas fuera de la ruta y venían muy preocupados por acomodar en el mejor puesto a una embarazada casi a término, que viajaba sola.

Entonces con una sonrisa discreta me dice adiós y ya con las riendas en mano murmura…a los cubanos no distingue la solidaridad, qué mejor que eso. Vamos Carmelaaaa.

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