Cuidado del patrimonio, ¡tarea de todos!

Foto: Archivo OHCC
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¡Oiga sí, usted… también el otro, aquel, ellos, nosotros todos!!

¿Sabemos y estamos preparados para comprender la responsabilidad que poseemos para con la historia, el cuidado y preservación del patrimonio?

Me atrevo a asegurar que aún, a más de 25 años de creada la Oficina del Historiador de la Ciudad y su red de instituciones, que poseen dentro de sus misiones promulgar y proporcionar a la población capacitación y enseñanzas sobre estos temas; así como otros organismos, organizaciones y asociaciones que también se ocupan de esto; asimismo, amén de los años que hace que obtuvimos el honroso reconocimiento por la UNESCO, la cual declaró que una parte de nuestro Centro Histórico constituía Patrimonio Cultural de la Humanidad, no todos estamos conscientes de que a cada ciudadano nos corresponde aunque sea una pequeña parte en este asunto.

Y digo esto con toda propiedad, pues con solo salir a la calle nos percatamos como aún se violan normas que se convierten en indisciplinas sociales y afectan el patrimonio.

Suele escucharse, de manera lamentable, a muchas personas que piensan que la Oficina del Historiador es la responsable única de “arreglar” las calles, las fachadas, las viviendas, y en más de una ocasión hasta la culpan de no haber intervenido o salvado uno que otro inmueble; como si esta institución fuera la responsable absoluta de resolver estos problemas en la ciudad.

Y es que, a pesar de la amplia divulgación que se realiza por todos los medios de difusión masivos con que contamos y por parte del Departamento de Comunicación perteneciente a la propia Oficina, muchas personas prefieren desconocer la multisectorialidad de estos asuntos; también la responsabilidad individual. Votar un papel en la vía pública, dañar una pared, agredir una fachada, aunque sea la de mi vivienda; romper una tubería, y así muchos otros actos que atentan con el ornato y cuidado de nuestro terruño; son acciones que agreden los espacios públicos y dañan la gran casa común que es la ciudad.

Entonces, recordé aquel refrán o adagio que llevo como lema en mi vida y que me enseñó mi abuela, y dice: “La zorra cuando camina con anhelo va mirando el rabo que a otro le cuelga y no el que le va colgando”. Ganar conciencia sobre la responsabilidad compartida y la que de forma individual tienen ciudadanos y entidades, es el primer paso para tener una mejor ciudad y garantizar una convivencia más efectiva.

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