Nació en Puerto Príncipe, Camagüey, el 10 de junio de 1842 y muere el 23 de enero de 1918. Esposa del patriota cubano Ignacio Agramonte con quien se casó en la parroquia de Nuestra Señora de la Soledad el 1 de agosto de 1868. Aún en Luna de miel, Ignacio va a la manigua redentora el 11 de noviembre de 1868, para luchar contra el colonialismo español.
Amalia, independentista
Fue una activa colaboradora de las fuerzas mambisas y prestó servicios en hospitales de campaña. Asimismo sufrió los rigores de la cárcel y luego del exilio.En Yucatán, México, conoció de la caída en combate de su amado y dejó una frase de hondo amor a la patria y a la familia: “Parece que cuando una tiene hijos ama más la libertad”.
Al concluir la Guerra Grande (1868-1878), Amalia regresa a su Puerto Príncipe, pero en 1895 estalla la nueva contienda, organizada por Martí, y el gobierno colonial prácticamente la obliga a emigrar. Le temen a su ejemplo y a su patriotismo.
De vuelta a Estados Unidos, otra vez recauda fondos para la lucha. En la temporada actúa como soprano en el De Garmo Hall, de Nueva York, en funciones de beneficio.
Carta de la independentista Amalia Simoni Argilagos a su Ignacio, que no pudo leer.
Ignacio mío adorado: después de tantos meses pasados sin que llegara a mí ninguna carta tuya, y ¡de no tener otras noticias sino las que da en los periódicos el enemigo, he tenido el placer imponderable de recibir tu cariñosa carta fecha 19 de Noviembre que trajo Zambrana! ¡Ay, Ignacio mío, el corazón parece querer saltárseme del pecho cuantas veces la leo, cada una de tus esperanzas, cada tormento, cada palabra, me hacen sentir, demasiado, y me admiro de encontrar fuerzas para vivir tanto tiempo lejos de la mitad de mi alma!
Has estado herido, mi bien, y dices que ligeramente, podrá ser como me lo dices, pero también me asaltó la duda de que disminuyas la gravedad de tu herida para minorar algún tanto mi dolor. Yo lo supe antes de recibir tu carta por un periódico ya atrasado, que papá no pudo ocultarme. ¡Qué angustia, qué ansiedad, que desesperación experimenté!
Y este tormento se ha repetido, en Enero o Febrero último te han herido otra vez y ocho días después y débil aún, te batías de nuevo sin pensar que podría ocasionarte un gran mal.
Cuantos vienen de Cuba Libre y cuantos de ella escriben aseguran que te expones demasiado y que tu arrojo es ya desmedido.
Zambrana dice que con pesar cree “que no verás el fin de la revolución”. Estas palabras de Zambrana recién llegado del campo de Cuba, no sé cómo no me han hecho perder la razón.
Ah! tú no piensas mucho en tu Amalia, ni en nuestros dos ángeles queridos, cuando tan poco cuidas de una vida que me es necesaria, y que debes también tratar de conservar para las dos inocentes criaturas que aún no conocen a su padre.
Yo te ruego, Ignacio idolatrado, por ellos, por tu madre y también por tu angustiada Amalia, que no te batas con esa desesperación que me hace creer que ya no te interesa la vida. ¿No me amas?
Además, por interés de Cuba debes ser más prudente, exponer menos un brazo y una inteligencia que necesita tanto. Por Cuba, Ignacio mío, por ella también te ruego que te cuides más.
¡De nuestros encantadores hijitos tengo tanto que contarte! Los dos continúan robustos, traviesos y alegres. … Ernesto cumple cuatro años (el mismo día que hará tres que me separaron de mi adorado); pero parece de cinco, lo menos, es grande y esbelto, siempre conserva el cabello rubio y sus ojos son tan azules como cuando tenía un año: es hermosísimo y sumamente inteligente, bullicioso y “preguntón”. … Tiene tu “aire”, tu cuerpo y a veces cierta expresión grave que lo hace parecerse mucho a ti. ¡Ay! yo espero también que algún día será tan bueno, tan perfecto como su padre.
Herminia, ese otro ángel querido, es la repetición de Ernesto en inteligencia, carácter y gusto: jamás dos hermanos se han parecido más en todo esto. … Ambos, Ignacio mío, son el consuelo de mi vida, siempre inquieta y sobresaltada: a los dos los idolatro con igual ternura: ellos ocupan todo mi tiempo porque jamás he querido niñeras ni persona alguna que los cuide, la única a quien dejo a veces que me ayude es a mi buena y santa madre que los quiere con delirio. Pronto te volveré a escribir y entonces te enviaré los retratos de los dos. ¡Cómo desearás verlos!
Cuídate más, amor mío, cuídate; yo quiero verte aún en esta vida y mi deseo más ardiente es que mis inocentes hijos conozcan a su padre. ¡Mi pobre niña jamás ha sentido tus labios tocar su semblante angelical! ¡Qué júbilo para mí, Ignacio mío, el día que vuelvas a mi lado, y puedas abrazar a los dos ángeles!
Dios querrá que ese día no esté muy lejos.
Bibliografía
Henry Knight, Kezia Zabrina (2024) Carta de la independentista Amalia Simoni Argilagos a su Ignacio https://www.ohcamaguey.cu/carta-de-la-independentista-amalia-a-su-ignacio/


