Por: Oreidis Pimentel Pérez
Diciembre marca para la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey el aniversario de una de sus dependencias, la Casa de la Diversidad Cultural Camagüeyana, cuyo inmueble patrimonial obtuvo el Premio Nacional de Restauración y cuyo trabajo en la antropología y la preservación del patrimonio intangible de los descendientes de inmigrantes ya llega a los 15 años.
Justo frente al Parque Agramonte, antigua Plaza de Armas de Puerto Príncipe, la antigua mansión Rovirosa destaca por su fachada azul de balaustradas negras y blancos adornos Art Nouveau. Por su singular valor en el entorno urbano es detalle obligado en los lentes de turistas nacionales y foráneos, pero tras sus puertas se esconden salas singulares como pocos sitios y museos.
Con larga data, dada su ubicación de privilegio casi frente a la catedral citadina, el inmueble perteneció a notables familias del clero, el ejército, propietarios criollos o a personalidades como Aurelia Castillo hasta su cesión a María Ojeda, quien en matrimonio con el hacendado Manuel Rovirosa remodelaron el inmueble. La influencia de los maestros catalanes, embajadores del modernismo europeo, puede hoy observarse en la calle contigua de Cristo, donde Miguel Perullas dejó su tarja. Gracias a su trabajo la casa se convirtió en el palacio Rovirosa en 1930, al abandonar resquicios coloniales de colgadizo, barro y tinajón para ceder paso al mármol, las columnas de escayola, patio central con columnas francesas y vidrio opalescentes en vitrales para “domar al sol”, horno bizantino, mueblería de perilla, plafones, espejos y pintura mural en los baños. Estas última fueron realizadas en el mismo año de la remodelación por el artista local Juan Miranda Sagul.
Todo lo anterior pudo perderse cuando otros usos, como tienda de instrumentos musicales o sede de la empresa estatal Cupet (Cuba Petróleo) afectaron estructuras y valores. Fue la razón para la intervención restauradora y el cambio de uso, convirtiéndola en centro de investigación y promoción cultural con salas expositivas para música, oficios tradicionales, arquitectura y religión.
Es hoy uno de los pocos lugares donde confluyen objetos de la mayor parte de las prácticas religiosas en la Isla: resistir prejuicios y desafíos de la diversidad no divide, la cultura puede ser herramienta de cambio. Además, la Casa de la Diversidad muestra documentos y utilería de los grupos de extranjeros asentados desde el siglo XIX al XX, pues una de sus principales funciones es el estudio sobre grupos humanos: las comunidades y sus descendientes aprendieron a mirarse de otro modo, a preservar la memoria viva de tradiciones en los espacios de encuentro.
Durante sus años de servicio la institución ha acogido eventos internacionales y nacionales sobre racismo, racialidad, africanidad, discriminación, oficios y fiestas tradicionales y presencia española, caribeña, italiana, china o japonesa. Su patio acoge las reuniones y festejos de parte de los descendientes de autonomías españolas (en especial catalanes, cántabros y canarios), de la comunidad caribeña (haitiana y anglófona), asiática, y también de manifestaciones religiosas o fraternales en colaboración la Unión Árabe de Cuba, musulmanes, judíos, católicos, protestantes, masones, espiritistas, entre otras. Las celebraciones realzan el orgullo, pero sin estridencias, pues visibilizan realidades antes relegadas al silencio.



