El primer “monumento” a El Mayor
Ocurrió en marzo de 1874. Culminada la Batalla de las Guásimas, el Consejo de Gobierno se desplazó al potrero Jimaguayú, al mismo escenario natural donde se ubicaba el campamento que fuera usado antes por las fuerzas agramontinas.
Según el patriota Ignacio Mora de la Pera, la Cámara reunida en sesión extraordinaria el día 11 de mayo de este año « […] acuerda levantar un monumento a Ignacio Agramonte en el mismo lugar en que fue muerto el 11 de mayo de 1873, en Jimaguayú. Se levanta acta, se cierra en una botella, y cavando en lugar indicado por los prácticos Ramón y Pascual Agüero se enterró con toda solemnidad. El lugar designado es cerca de la orilla del Arroyo Jimaguayú[1], á la izquierda del monte y como á 20 pasos de un almácigo, el cual se señaló con varias crucetas».[2]Hasta allí llegaron el mayor general Máximo Gómez Báez y el brigadier Antonio Maceo Grajales.
Efectivamente, se trataba del sitio real referido por los prácticos. Por su parte, presente en el combate del 11 de mayo, el capitán Serafín Sánchez Valdivia subrayaría más tarde que el lugar había quedado marcado con piedras y ladrillos. Se trataba, si se quiere,todavía en medio del fragor de la contienda bélica anticolonial del primer monumento para honra del héroe; que debió acompañarse de la extraordinaria devoción y fresca todavía la emotiva carga emocional de sus soldados, tras la muerte del jefe supremo del Camagüey. Serafín Sánchez nada aludió sobre la botella, que se afirmó contenía el acta del Consejo de Gobierno.
Tras la muerte de Amalia Simoni, la idolatrada esposa del Mayor Ignacio Agramonte, en 1918, por iniciativa de la educadora camagüeyana María Eumelia Socarrás y respaldada por el Presidente del Consejo Territorial de Veteranos de la Independencia y el teniente coronel Luís Suárez Suárez; cobró fuerza la realización del proyecto, para erigirle un monumento digno al héroe. La recaudación popular sumó 500 pesos.A seguidas, el domingo 22 de abril de 1928, fueron trasladados mármoles y otros materiales al histórico potrero, y el 3 de mayo fue concluida la obra de influencia neoclásica, en la que intervinieron el maestro carpintero y teniente Honorato Casalís Díaz, el albañil Rogelio Valero Sánchez, entre otros cooperantes.[3]
Cabe precisar que en la excavación practicada en el lugar para realizar la cimentación de la base de ladrillos que sostendría el obelisco, no fue hallada dicha botella. Tampoco para el trabajo de jardinería, colocación de rejas y la nivelación del terreno; nada arrojó indicios que atestiguaran las acciones que presuntamente debieron realizarse para dejar oculta la botella, en marzo de 1874. Finalmente, fue develado solemnemente el obelisco el sábado 11 de mayo de 1928[4]. Fue todo un acontecimiento de relieve nacional.
En la escritura por la develación realizada por el notario Dr. Benjamín Agüero Pichardo, no fueron descritos detalles significativos relativos al lugar exacto de la caída del Mayor y menos acerca de la botella contentiva del acta con el acuerdo del Consejo de Gobierno, u otros elementos aportativos sobre la excavación que debió practicarse con el objetivo de dejar colocado dicho objeto, por cierto, que obligadamente dejarse bien oculto para evitar fuese descubierto y cayese en poder de fuerzas españolas.
De modo que el acta levantada sólo describió: «[…] obelisco erigido en este pedazo sagrado de tierra cubana (…) monumento que señalará a las futuras generaciones, la tierra que regara con su sangre y bendijera con su último aliento [el Mayor Ignacio Agramonte]».[5]Fue lo más relevante del acto descrito. Que no olvidáramos jamás a uno de los mejores hijos del Camagüey, que más hizo para darnos patria libre, independiente y próspera.
[1] El arroyo era ya conocido con el nombre de Platanal, por cierto, lugar no tan cercano a la orilla del arroyo.
[2]Nidia Sarabia: Ana Betancourt. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1970. p. 198.
[3]También dieron su apoyo otros miembros del Consejo Territorial de Veteranos que siguieron a su secretario Américo Silva.
[4]Entre personalidades y la oficialidad veterana del Ejército Libertador, estuvieron en la ceremonia los ex mambises asiáticos capitán Bartolomé Fernández y José (Marrero). Recorte de periódico en poder de Herminia Agramonte Simoni, que le fuera obsequiado al historiador Gustavo Sed Nieves.
[5] Archivo Histórico Provincial. Protocolo Notarial del Dr. Benjamín Agüero Pichardo. T.1; Enero-Junio; Folio: 598. 1928.


