El uso de los candelabros en espacios domésticos de la ciudad de Camagüey

Fotos: Cortesía de la autora
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Por: Karen María Hernández Rodríguez

El uso de la luz artificial por la humanidad es tan antiguo como el uso del fuego. El ser humano descubrió que para una buena iluminación era necesario tener un combustible, y que este debía ser transportable.

Al principio, el combustible empleado era madera o grasa de animales contenida en un recipiente. Con el paso del tiempo, los sistemas de iluminación se fueron perfeccionando y se introdujeron otros elementos como las lámparas de aceite, las velas de sebo o cera. Su uso confirió valor estético y de prestigio social e implicaron diferencias en su accesibilidad y en la calidad de la iluminación.

Para esta clasificación se denomina candelero al elemento fabricado para sostener una vela, el que se apoya sobre un plano horizontal. En cambio, el candelabro se sostiene sobre un pie o soporte elevado, o se cuelga de una pared. Los nombres de estos objetos se derivan de la palabra “candela” y a su vez del latín candere quiere decir “arder, estar encendido” (vela).

Figura 1. Porta vela manufacturada en arcilla.

Si bien los sistemas de iluminación por vela o por lámpara de aceite se mantuvieron hasta el siglo XVIII, tras el invento del quinqué de petróleo en 1784 en la Revolución Industrial, la vida doméstica nocturna sufriría cambios en el alumbrado interior de los inmuebles, y posteriormente con la aparición de lámparas de gas en el siglo XIX.

Al igual que otros objetos importados desde Europa a América, los candelabros o candeleros llegaron como parte del bagaje traído por los conquistadores, y su uso se incorporó a las prácticas habituales de iluminación artificial para las actividades domésticas.

Hallazgos de candeleros en la ciudad de Camagüey

El presente trabajo aborda el análisis de los candeleros identificados en sitios arqueológicos del centro histórico de la ciudad de Camagüey, los que forman parte del registro material datados del siglo XVIII, en excavaciones arqueológicas en los sitios Hotel Habana (Cisneros # 208), Fábrica de Camisas (Luaces # 15) y en el Palacio Pichardo (Avellaneda # 66).

Los candelabros podían estar confeccionados en una amplia variedad de materias primas -cerámica, loza, metal, madera- y abarcaban un repertorio funcional y decorativo que iba desde piezas muy simples hasta otras muy decoradas.

Sin embargo, en el caso que nos ocupa, todos los candeleros recuperados están manufacturados en cerámica ordinaria, y por la simpleza de su manufactura se presume que hayan sido confeccionados por la servidumbre esclava y utilizados para la vida doméstica o laboral.

En las piezas se puede observar la multiplicidad de influencias hispánicas, africanas y locales. Estas poseen diferentes formas y tamaños sin ningún tipo de decoración. La mayoría de las piezas están fragmentadas y corresponden a bases, tubos de candeleros y portavelas; así a como asas o manilla para su agarre y transportación.

Los encontrados en el Hotel Habana son los de mayor representatividad. En este sitio abundan los llamados “de tubo” con forma irregular de entrantes y salientes para tomarlo con la mano, así como con una pata o pie que separa el objeto de la superficie de apoyo. Por la tosquedad y rústica manufactura de algunas de las piezas se infiere que fueron confeccionadas de forma inmediata para su uso y descartados rápidamente.

El estudio a partir de estos artefactos ha revelado datos significativos para la datación de los contextos y aspectos de la vida cotidiana de los diversos grupos sociales que habitaron los espacios domésticos durante el siglo XVIII en la ciudad de Camagüey.

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