El valor escénico de las iglesias en el paisaje urbano histórico de Camagüey (II)

Foto: Archivo OHCC
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Por: Marisabel Almeida Torrens

Dentro del proceso de gestión de vistas relevantes en ciudades patrimoniales se destacan métodos de análisis visual del paisaje que buscan proteger las vistas hacia determinadas construcciones icónicas; a partir de limitar, mediante mecanismos de control, el impacto visual de los edificios altos a construir en sus alrededores.

Esta práctica metodológica responde, fundamentalmente, a los modelos europeos y de América del Norte. Especialmente reconocidos son los casos de Londres (Greater London Authority, 2012) y Ottawa (National Capital Commission et al., 2007).

De esta práctica, resultan significativos los procedimientos metódicos para la determinación de las vistas relevantes, las técnicas de análisis digital avanzados como los modelos digitales 3D de ciudades, la evaluación visual de las vistas para medir el impacto de un posible edificio, el empleo de los sistemas de información geográfica (SIG) para determinar zonas de protección en las que se aplican mecanismos de restricción de altura de las edificaciones, que posteriormente son incorporados a instrumentos de planificación a escalas superiores.

Aunque entre las limitaciones puede mencionarse el enfoque parcializado, muy específico, de dicha gestión con una perspectiva patrimonial monumentalista -predominantemente formal- en la cual se ponderan los mecanismos de control de altura sobre otros aspectos importantes, muchas veces desatendidos, como son la escala, el ritmo, la armonía, el sentido del lugar, lo cual limita los resultados a obtener.

Otro aspecto para entender el paisaje visual como línea de trabajo radica en la orientación de sus estudios hacia la evaluación del paisaje, mediante criterios estético-visuales, ecológicos, económicos, funcionales y culturales y sustentados en las determinaciones del Convenio Europeo del Paisaje (Consejo de Europa, 2000).

Estos estudios marcan otros niveles de investigación relacionados con el análisis y la clasificación del paisaje, así como la subdivisión de este en unidades de paisaje a distintas escalas como base para la mejora de la calidad visual, tanto de vistas excepcionales como de las cotidianas y degradadas y emplean variables como valor, la calidad visual y la fragilidad visual del paisaje y conflictos paisajísticos, para proponer medidas y acciones para su gestión, apoyados en los SIG (Estévez, Garmendía & García, 2012).

Los mismos emplean los catálogos de paisajes como útiles herramientas para inventariar, registrar, documentar y proponer medidas y acciones que sirven de base para su gestión. Casos relevantes son el plan de ordenación territorial para la ciudad histórica de Segovia, del 2005, el estudio para la protección del Ferrocarril Rético, Suiza-Italia y el plan de acción territorial de protección de la Huerta de Valencia (Generalitat Valenciana, 2012).

En el caso específico de la determinación de la calidad visual o calidad escénica de determinadas vistas, se destaca el método para desarrollar el inventario de recursos visuales, del National Park Service de los Estados Unidos, enfocado hacia el paisaje natural y su gestión, pero que resulta significativo para ser tenido en cuenta en el desarrollo de nuevas metodologías en entornos urbanos de valor (Peters et al., 2018).

El análisis visual y la valoración del paisaje implica tres aspectos clave: lo que puede verse desde un punto de observación, cuya elección estará determinada por el ámbito a observar, la existencia de observadores potenciales y la posterior interpretación de lo observado por parte de los observadores. “Esto supone que la calidad visual del paisaje se aprecia y reconoce de forma distinta según el perfil de cada observador”[1] (Estévez, Garmendia y García, 2012).

Por lo tanto, al ser comprendida la calidad visual del paisaje como “el grado de excelencia de éste, su mérito para no ser alterado o destruido o de otra manera, su mérito para que su esencia y su estructura actual se conserve” (Blanco, 1979 citado en Montoya et. al. 2003), se entiende como una de las variables que influyen en la valoración del paisaje y de sus vistas relevantes. Además permite evaluar y entender el paisaje de una forma más completa y holística, permite conocer sus características a través de un conjunto de indicadores o a través de las preferencias de las personas usuarias del mismo, según su experiencia vivida. Una sólida determinación de la calidad visual del paisaje urbano histórico permite obtener una línea de trabajo para planificar, regular, controlar y monitorear los cambios del mismo. Además, se colecta información para desarrollar estudios de evaluación de impacto y las acciones para contrarrestarlas.

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[1] La respuesta de estos observadores viene condicionada por tres tipos de factores:

  1. a) Condiciones y mecanismos sensitivos y perceptivos inherentes al observador.
  2. b) Condicionantes educativos y culturales.
  3. c) Relaciones del observador con el paisaje a contemplar.
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