Por: Enrique Atienzar Rivero
El día 13 de abril de 1849 –hace hoy 176 años- nacía en Puerto Príncipe, en la esquina de Lugareño y San Ramón, Enrique José Varona; figura dotada, además de valores patrióticos durante la guerra de los Diez Años, de otras virtudes que reconociera enfáticamente José Martí, uno de los más grandes pensadores de Cuba.
A ambos los unió una amistad fraguada en el Liceo de Guanabacoa, a la sazón de las ideas más avanzadas de la época y que, con los años, permitieran vislumbrar en Varona significativos dotes de filósofo, periodista, de pedagogo ilustre y estudioso de la historia.
No son muchas las personas en las que convergen cualidades, como las que adornan la personalidad de este hombre que, por sobre todas las cosas, le infundía franqueza de no esconderse para denunciar lo mal hecho, sustentándolo en la ética.
Baluarte de la pedagogía cubana
Aunque la mayor parte de la vida transcurrió fuera de Camagüey, los hijos de la cuna de Ignacio Agramonte levantaron en su honor una estatua, situada a pocos metros del Instituto de Segunda Enseñanza, hoy Preuniversitario Álvaro Morell Álvarez, en los predios del Casino Campestre, el mayor parque urbano del país.
La búsqueda de referencias suyas, nos llevan a notar que sus primeros estudios los realizó en su ciudad natal, al igual que la segunda enseñanza, cursada en las Escuelas Pías. A temprana edad inició el aprendizaje de idiomas, y con el tiempo llegó a dominar el latín, el griego, el inglés, el italiano, el francés y el alemán; un verdadero políglota.
El título de bachiller lo alcanzó en el instituto matancero, en 1981, y un año después el de licenciatura en la Universidad de La Habana.
Enrique José Varona, un baluarte de la pedagogía cubana, es reconocido por estar al servicio de los problemas de Cuba en la etapa transformadora hacia la modernidad, y como uno de los intelectuales más influyentes en los finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.
En su crítica a la obra “Seis conferencias”, Martí aseguró que el lenguaje llega en este escritor «a una lozanía y limpieza que recuerdan la soberana beldad de las mujeres, épicas y sencillas, de la tierra del Camagüey, donde nació Varona».
Proyección
El alcance de su proyección va más allá de nuestro archipiélago. Colaboró con Martí en el periódico Patria, fundado por el Héroe Nacional en 1892 durante su exilio, donde Varona se radicó y mantuvo una actitud de cooperación patriótica con la guerra de liberación, en fase de preparación. Luego de la muerte en campaña de Martí, el hijo del Camagüey pasó a dirigir Patria.
Ahora que se aproxima el 19 de mayo, conmemoración del Aniversario 130 de la caída en Dos Ríos de Martí, vale recordar que Varona en un discurso pronunciado en 1896 en Nueva York, refirió la trascendencia de la vida y labor de Martí. Hermosas palabras para el cierre de este trabajo, dedicado al natalicio de Enrique José Varona:
“En todas las tareas que se impuso encontró siempre dóciles sus múltiples aptitudes, porque esas varias y brillantes facultades, esas luminosas facetas de su gran inteligencia, convergían todas, como los radios al centro, a una facultad suprema, que las animaba y vigorizaba: el entusiasmo.
“Su portentosa fantasía desplegaba las alas a todos los vientos del espíritu, mas no para vagar al acaso, con la facilidad gallarda del mero diletante; sino para buscar por cada rumbo lo mejor, lo más exquisito, la flor de perfección que soñaba, y que su corazón ardiente le hacía amar con indecibles transportes. Amó siempre su obra. He aquí el secreto de sus grandes éxitos.
“Era cada una la hija predilecta, en las horas de preparación y labor, y la concebía y la quería la más gallarda, la más hermosa, la más acabada. No colocó su ideal en un mundo inaccesible. Quiso y logró esculpirlo en la roca de la realidad. Dio valor a cada situación de su vida, precio a cada trabajo. Hizo cada vez y en cada caso lo más y lo mejor que pudo. No hay regla de vida más alta, ni más fecunda”.
Nadie puede dudar que este camagüeyano digno mantuvo una vida fecunda y con total transparencia.


