Gregorio y Jerónimo Boza

Foto: Cortesía del autor
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El destino patriótico.

Manuel, Jerónimo y Gregorio Boza Agramonte ya conspiraban contra el colonialismo español en su ciudad natal de Puerto Príncipe. Para calorizar el movimiento insurreccional Salvador Cisneros, Eduardo Agramonte Piña, primo de Ignacio Agramonte Loynaz; Tomás Agramonte Riverón, Ignacio Mora de la Pera, entre otros jóvenes revolucionarios, formaban en la logia Tínima y poco después, en la Junta Revolucionaria de Puerto Príncipe. Para la fecha Juan Nepomuceno Boza Agramonte, que tenía domicilio en San Juan Nro. 19, se hallaba en Nassau para junto a Martín Loynaz, Gaspar Betancourt Agramonte, Carlos del Castillo y otros patriotas, alistar expediciones y armas hacia Cuba en apoyo a la guerra.

Los hermanos Boza eran de los más activos para garantizar el alzamiento del Camagüey, en noviembre de 1868, y días después para la estructuración en pelotones de las fuerzas insurrectas y en su adestramiento para el combate contra las fuerzas hispanas que vendrían por ellos.

Otro de los hermanos, Manuel Boza, alcanzaría el grado de Mayor General y le sería confiado el de Jefe Militar de Camagüey, de junio-diciembre de 1870. Casi un año después, el 13 de mayo de 1871, caería en combate contra fuerzas enemigas.

El destino de la muerte.

Lo que no sospechaban los Boza era que el 21 de mayo del año 1871, precisamente, “el año terrible de la Revolución” en que en enero el Mayor Ignacio Agramonte reasumía el mando del Ejército Libertador en el Camagüey, Jerónimo y Gregorio fueron sorprendidos y matados por la Primera guerrilla del Rayo mandada por el sanguinario comandante Tizón, en un rancho oculto en medio del monte.

Una de las mujeres Boza, ingenuamente suponiendo que su ardid los salvaría de la muerte, gritó al jefe de la guerrilla que “los Boza vienen a presentarse”. Fue el momento en que abalanzándose sobre los soldados, Gregorio exclamó airado que “ningún Boza se presenta, fusílennos”. Momento que aprovecharon los guerrilleros para abalanzarse sobre los dos hermanos para machetearlos brutalmente ante las pavorosas mujeres; a quienes se llevarían prisioneras a la ciudad.

Así morían salvajemente asesinados Jerónimo y Gregorio Boza, el primero a quien las fuerzas alzadas en el Paso de Las Clavellinas, en noviembre de 1868, lo habían nombrado Jefe Superior del Camagüey. Por cierto, su otro hermano Manuel Boza, ocuparía la jefatura de uno de los seis pelotones tras su elección en el ingenio El Cercado, que fuera propiedad del Regidor y Lic. Tomás Pio Betancourt, tío político de Ignacio Agramonte.

Lastimosamente desde la república neocolonial ninguna de las calles de la actual ciudad de Camagüey llevaría el nombre de ninguno de los Boza.

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