Ingenio “El Oriente”

Foto: Archivo OHCC
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Por: Dirección de Proyectos OHCC

El Ingenio El Oriente está ubicado en el antiguo Hato “Los Ripios”, a 14 Km del poblado de Sibanicú, provincia de Camagüey. Su uso original fue el de Batey azucarero y la fecha de construcción data de 1844.

Hasta hoy, se desconoce el nombre del maestro de obra, alarife o arquitecto que haya tenido participación en la construcción. Se mandó a construir por la acaudalada familia principeña de los Iraola y su primer propietario fue Francisco Iraola Serrano.

Fue “El Oriente” el lugar desde donde se incorporó Ignacio Agramonte Loynaz a las filas insurrectas, el 11 de noviembre de 1868. Durante los primeros tiempos de la Guerra Grande, el ingenio fue punto de reunión de los principales jefes del movimiento insurreccional en el territorio camagüeyano. Sus propietarios tuvieron una destacada participación en la guerra. El generalísimo Máximo Gómez Báez eligió el lugar como campamento y combatió en sus potreros, el 30 de julio de 1895.

Su conservación

En 1987 comenzaron las labores de conservación y rescate, los estudios preliminares y proyectos los asumieron la Universidad de Camagüey, la Dirección Provincial de Patrimonio y su Equipo Técnico de Monumentos; las acciones de mantenimiento estuvieron entonces a cargo del CAI Álvarez Mora y la Empresa de Construcciones Especiales del MINAZ.

La Oficina del Historiador de la Cuidad de Camagüey ejecutó el proyecto de restauración, realizando luego varias acciones en sus principales objetos de obra.

El batey que llega a nuestros días está conformado por un grupo urbanísticamente coherente de objetos de obra, destacándose por su conservación y originalidad la casa de vivienda, la casa de molienda y el barracón de negras, el resto de las construcciones son: barracón de negros, casa del mayoral, cocina–bodega, embarcadero de animales y aljibe.

Casa de vivienda

Construcción colonial con algunos elementos del neoclásico camagüeyano imperante en la época: portal frontal con cinco arcadas de medio punto y dos laterales, que nacen de toscos capiteles coronando las columnas ochavadas, con sencillo basamento; pretil con columnatas y gárgolas; un techo de losa por tabla cubre el portal. La fachada principal cuenta con puerta española clavadiza, con dos postigos y motivos barrocos, cuatro grandes ventanales, dos a ambos lados de la puerta con sencilla reja de hierro de sección circular; las ventanas laterales son similares a las frontales, pero con alero de tornapunta cubierto por pequeñas tejas criollas.

En la primera crujía se desarrolla la sala y dos habitaciones laterales. Está cubierta por un techo de armadura a cuatro aguas con cuadrales, tirantes pareados central, intento de harneruelo, un arco de medio punto separa la crujía principal de la secundaria. En la segunda crujía, con techo en colgadizo, se ubica el comedor en el espacio central y dos aposentos accesorios a ambos lados de este.

Finalmente se desarrolla un colgadizo posterior, apoyado en ocho horcones ochavados con zapata y solera, creando un portal posterior. En el lateral derecho de este existe una cocina republicana, con campana y chimenea.

Una baranda de madera cierra ambos portales. Sus pisos originales de ladrillos se encuentran tapados por dos tipos de pisos: losas hidráulicas rojas y mosaicos rojos y rosados, jaspeados en blanco, colocados diagonalmente en forma de tablero de ajedrez. La cubierta es de tejas criollas y rasillas.

Casa de molienda

Un total de catorce horcones soportan un complicado y genialmente elaborado techo de armadura octogonal, compuesto por: rollizos, limas, pectorales, soleras, cuadrales y en su parte más alta cierra la estructura un piñón de dieciséis rayos, rematado en una piña central artísticamente colocada. Perimetral a esta estructura se desarrolla un colgadizo formado por rollizos, lima y solera, que descansa en dieciséis horcones. En la cubierta, de tejas criollas, se destacan ocho carreras de tejones en la transición de un faldón u otro. Sus pisos son de ladrillos. Esta edificación aún conserva el aljibe industrial y los cimientos de la máquina de vapor. Se encuentra jerarquizada por una majestuosa torre-chimenea apiramidada de ladrillos, con 22 metros de altura, base cuadrada y rematada con una rebuscada moldura perimetral.

Barracón de negras

La fachada cuenta con simples pilastras adosadas al muro, puertas y altas ventanas de tablero liso; las ventanas con balaustres de hierro de sección circular son pequeñas y apaisadas. Su única crujía está dividida en tres departamentos, los que en sus inicios se usaron como: barracón de negras, despensa y casa del mayoral. Posee techo de armadura a cuatro aguas con rollizos, solera y tirantes simples, y cubierto con tejas criollas. Cuenta con un portal en colgadizo con barandas de madera, que descansa en solera apoyada en toscas zapatas y horcones. El piso se mantiene de ladrillos, colocados a mata junta, a dos niveles.

El barracón de negros

Se demuele parcialmente en 1920 y con él la segunda planta, este es el objeto de obra que sufre mayores transformaciones. Funcionó como bodega y servicios a la población.

Caballeriza-Enfermería

Fue punto de embarcadero de ganado para la venta y exposición, aún conserva el embarcadero. Se usó además como almacén.

Cocina-Bodega

Sufre transformaciones al convertirse en albergue para los trabajadores y viviendas

Casa del mayoral

Se edificó en 1919, anteriormente el mayoral vivía en parte del barracón de negras. Se transforma al convertirse en cocina comedor para los trabajadores albergados.

El Oriente” es una joya de la arquitectura industrial azucarera cubana, posee relevancia histórica. Es motivo de orgullo nacional. Su arquitectura e historia formaron y forman parte de la configuración de la nación cubana. Sus vetustos muros y su gloriosa campana, son también testigos de nuestra identidad.

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