Joaquín de Agüero y Agüero cuenta entre los precursores de nuestras luchas del siglo XIX. Por ideas de libertad y de emancipación se alzaría en armas contra el colonialismo español, el 4 de julio de 1851. Luego, frente al pelotón enemigo preferiría morir sin claudicar, como adelanto de la independencia.
Ideas de dignidad humana
Antes de llegar a ese final Joaquín de Agüero ya había dado muestras de pensamiento crítico anticolonial. El extraordinario y temprano gesto rebelde en su vida estaría marcado por dar libertad a ocho esclavos de su finca La Caoba, heredados de su padre, acto legal recogido ante el escribano Rafael Castellanos, en 23 de enero de 1843. Como pólvora la noticia recorrería todos los barrios de la arcaica ciudad de Puerto Príncipe. El suceso levantaría el repudio de las autoridades españolas de la ciudad de Agüero, y el de la Isla.
Llamado ante el Teniente Gobernador Político don Francisco de Paula y Alburquerque, quien pretendía imponer mano dura ante cualquier intentona revolucionaria en la región, Agüero respondería haber actuado, «Cumpliendo un deber de humanidad y de conciencia».[1] Gaspar Betancourt Cisneros, El Lugareño, su amigo sería testigo de ese acontecimiento de trascendencia nacional, censurado hasta por miembros de su familia. Precisamente al habanero Domingo Del Monte escribiría Betancourtː « […] ha libertado 8 negros que tenía, sin más motivo que su conciencia i el deseo de dar un ejemplo […]».[2] Así visto, Agüero tenía la intención de que su iniciativa, por revolucionaria, contagiara o fuese acogida entre el sector criollo ganadero, empero lo que no ocurrió a la escala prevista y con la celeridad que, tal vez, supuso el audaz patriota.
El segundo disenso del patriota, —por cierto, descendiente de principeños iniciados en la conspiración Soles y Rayos de Bolívar contra el colonialismo en la década de 1820—, se produciría al retorno de tres meses en la ciudad de Filadelfia, a donde habría marchado, pero sin haber obtenido pasaporte de las autoridades españolas. En esa ocasión después de ser inquirido por la máxima autoridad gubernamental en la Isla, respondería que ante la negativa de entregarle el documento, él había decidido salir de Cuba sin permiso. ¿Respuesta de rebeldía o “chiquillada” Agüero?
Al alzamiento.
Pasaría Agüero a la acción armada al ver que ni España ni el gobierno en la Mayor de las Antillas concederían libertad plena. Media decena de Agüero integraría la Sociedad Libertadora de Puerto Príncipe, que llegada la hora lideraría un levantamiento armado, en 1851. Si se sigue la traza de los apellidos quedan al descubierto otros parientes de Agüero. Mientras, en medio de los aprestos, Joaquín de Agüero dejaba la casa en Nuevitas, en abril, para recorrer las fincas y unificar a las “partidas”.
Es sabido que entre los meses de mayo y julio siguiendo órdenes del Capitán General José Gutiérrez de la Concha y del Gobernador de Puerto Príncipe José Lemey, serían arrestados algunos simpatizantes del movimiento insurreccional. Por fin, en la hacienda San Francisco de Jucaral, Guáimaro, el 4 de julio de 1851, seria redactada y firmada por una treintena de patriotas la Declaración de Independencia de la Isla. Un fragmento merece citarse por su importancia y vigencia:
«[…] De hecho y de derecho nos constituimos en abierta rebelión contra todos los actos o leyes que emanen de nuestra antigua metrópoli, desconocemos toda autoridad de cualquier clase y categoría que sea, cuyos nombramientos y facultades no traigan su origen exclusivamente en la mayoría del pueblo de Cuba (…) Bien penetrados de la inmensa responsabilidad que echamos nosotros asumiendo los derechos y representación de todos nuestros hermanos de Cuba […]».[3]
Cuestión interesante a observar, ninguna alusión de los integrantes del grupo de Agüero a solicitud de apoyo militar a los Estados Unidos, quizás a sabiendas que ello comprometería la independencia y conduciría a la anexión de la Isla al Norte, podía ser prematuro y riesgoso; asunto que, al parecer, no entraba firmemente en los cálculos de las figuras dirigentes.
Agüero parecía desentendido de esa opción, no bien calculada, diferenciable en el Camagüey de la del occidente plantacionista; máxime por saber Agüero que desde los años 20, parientes suyos, como mismo en 1840, habrían preferido la vía armada para alcanzar la independencia. Y esto sería causa de que, en 1868, los Agüero entraran a la guerra siguiendo las ideas de emancipación de su pariente Ignacio Agramonte, quien subrayaría: “Que nuestro grito sea para siempre: ¡Independencia o Muerte!” Frase que sobrepasaba la contenida en la Declaración…de San Francisco de Jucaral.
La historiadora camagüeyana Elda Cento clarifica el asunto al citar de la libreta de apuntes del historiador Gustavo Sed la siguiente nota escrita por el principeño Benito Porro, el 12 de agosto de 1851: «[…] Estos individuos fueron pasados por las armas por la causa que se le siguió por la comisión militar por haber intentado con las armas en la mano, asociados a otros, la independencia de la Isla de Cuba.[4] En criterio del historiador Ramiro Guerra Sánchez pudo existir la posibilidad de que Agüero en coyuntura de giro político en la Isla, tras la muerte del general Narciso López, se viera precisado no solo a alzarse contra España sino contra los Estados Unidos; declaradamente opuesto a la independencia de la Isla y a mantener el status colonial, evitándose no caer ésta en manos de Gran Bretaña o Francia, enemigas del Norte.[5]
No hay dudas del arraigo de Agüero en el Camagüey. Como mismo alcanzó su ejemplo y su bandera del triángulo rojo y la estrella solitaria en la contienda de 1868. Así merece fijarse su ejemplo cercano al del Mayor Agramonte, y entre la juventud camagüeyana de hoy.[6]
[1] Miguel A. Ricas Agüero. Joaquín de Agüero y sus compañeros. 1851 – 1951. Talleres Tipográficos de EDITORIAL LEX. La Habana, Cuba, 1951, p. 36. Uno de los liberados, el mulato Gregorio, se fue a combatir junto a Agüero en San Francisco de Jucaral, el 4 de julio de 1851.
[2] Ob. cit. p. 47.
[3] Dicha acta fue confeccionada por el secretario de Agüero e hijo de español Adolfo Pierra Agüero. La tropa formada ese día estuvo integrada por 3 Brigadas al mando de Augusto Arango Agüero, Francisco Perdomo Batista y José Mateo Ponte. El medico designado Dr. Agustín Arango Agüero. Primer Ayudante de Joaquín de Agüero Lic. Manuel de Jesús Agüero y Segundo Ayudante Manuel Agustín Agüero.
[4] Elda E. Cento Gómez: Joaquin de Agüero y el alzamiento de San Francisco de Jucaral, Editorial Ácana, Camagüey, 2003, pp. 117 y ss.
[5] Ídem., p. 119.
[6] Invito a la lectura y reflexión del texto íntegro de la Premio Nacional de Historia MSc. Elda Esther Cento Gomez. La laxitud de su estudio nos lleva al Joaquín de Agüero merecedor de mejor contextualización y dignificación mayor de la que hasta ahora ha merecido por la historiografía.


