Jorge González Allué, un hombre tan natural como su Amorosa Guajira

Foto: Otilio Rivero y tomadas de publicaciones
Share on facebook
Share on twitter

Por: Enrique Atienzar Rivero

Siempre fue una suerte pasar por frente a su hogar y verlo sentado cerca del piano,  apretando las teclas con naturalidad al dejar escapar con armonía Amorosa Guajira, obra que tanto recorrió el mundo y lo inmortalizó, dentro de las más de 300 composiciones creadas a lo largo de su vida.

Jorge González Allué vivía en la Avenida de los Mártires, a solo tres cuadras de Tomás Betancourt 506 (bajos), lugar donde residídesde adolescentehasta que me casé, el 16 de diciembre de 1967.

El jueves 10 de febrero de 1910 nacía en Camagüey esta figura que, desde su niñez, sintió inclinación por la música, aunque no fue solo hacia esta manifestación artística. Dirigió orquestas, escribió poemas; entre ellos una estampa escogida y popularizada por el Acuarelista de la Poesía Antillana, Luis Carbonell: Los 15 de Florita, en 1950.

Grandiosa trayectoria

Con solo diez años inició los estudios musicales con la prima María Josefa González Allué, luego, continuó con la profesora María Larin Carmenates. Cinco años más tarde, se tituló de piano, solfeo y teoría en el Conservatorio Nacional de Música de La Habana, Hubert de Blanck.

El primer recital de esta gloria de las artes ocurrió en 1931, con el estreno Mulata y Negro Bembón, cuyos textos se deben a Nicolás Guillén. También ejerció como profesor y, cuatro años más tarde (1935), fundó una orquesta de Jazz Band bajo el nombre de Yemayá, con la cual debutó el 5 de octubre en el teatro Principal; institución que acaba de cumplir 175 años de fundado.

González Allué  tuvo una prolífera trayectoria, no solamente en Cuba. Viajó a Colombia en 1936, allí trabajó de pianista de la orquesta de Florián Maya, compuesta por músicos cubanos y colombianos;al año siguiente se unió a la de Don Vidal en Lima, Perú, con la que se presentó por la Cadena de Lima.

Luego de su retorno a Cuba, en 1938, junto a once pianistas interpretó La Malagueña, de Ernesto Lecuona, y estuvo entre los 24 que acompañaron a Esther Borja en “Serenata”.

El estreno de su Amorosa Guajira transcurrió en Camagüey, en 1937, bajo la voz del cantante Luis Raga y la Orquesta Yemayá, en la radioemisora CMJK, La Voz del Camagüeyano. En 1957, en La Habana, trabajó como pianista acompañante en el Café de los Artistas, programa de televisión de Gaspar Pumarejo y Otto Sirgo.

En agosto de 1959 regresó a Camagüey, donde dirigió un combo que debutó en el Aeroclub de esa ciudad, frente al Aeropuerto Ignacio Agramonte. Su labor multifacética lo llevó a conducir la comedia musical “Las Yaguas”, de Piloto y Vera, y “Matrimonio perfecto”; obra del escritor Rómulo Loredo Alonso, la cual también musicalizó.

Recordando a un gran artista

Este imprescindible músico cubano, Hijo Ilustre de Camagüey, que falleció el 4 de noviembre de 2001, se hizo acreedor de la Medalla Alejo Carpentier, la Distinción por la Cultura Nacional y la Orden Félix Varela de primer grado.

Fue sepultado en el cementerio local, mientras era entonada Amorosa Guajira, la más conocida de sus 386 obras, uno de los aportes de 81 años vinculados a la música. Dentro de las ofrendas florales se hallaba la de Abel Prieto Jiménez,  entonces Ministro de Cultura y actual director de Casa de las Américas.

En el breve diálogo que sostuve recientemente con Abel Prietoen Camagüey, durante la presentación del libro: “Donde se acaba el futuro”, de los periodistas Jorge Enrique Jerez Belisario y Dania Díaz Socarrás, me aseguró que lo admiraba.

Un libro sobre su vida

“Tampoco me gustó viajar. Mire, yo no puedo vivir sin Camagüey, sin mi casa. Yo me siento más camagüeyano que un tinajón”, le comentó Allué  a un investigador.

“Allúe, el último de los grandes”, es un libro de Oscar Viñas Ortiz, recomendado a leer por la abundante información que recoge sobre esta gloria de la cultura cubana.

El investigador Oscar Viñas compartió su testimonio sobre cómo conoció a Allué en 1970, cuando realizaba un estudio sobre la radio en Cuba. Aquel primer encuentro, según Viñas, marcó el inicio de varias conversaciones que se plasmaron en un testimonio.

“Tuvo una vida dedicada al amor y al piano”, subrayó, mientras leía pasajes sobre los conciertos que Allué ofreció junto a Ernesto Lecuona; hecho que reseña una publicación del semanario Adelante, el 29 Septiembre 2024.

“El último de los grandes”, de Oscar R. Viñas Ortiz, llega a los lectores en su segunda edición, corregida y ampliada, asumida por la editorial D’McPherson. Este testimonio sobre la vida y obra del prestigioso pianista y compositor camagüeyano, Jorge González Allué (1910-2001), uno de los ilustres de la historia musical cubana y latinoamericana; deviene justo y necesario homenaje.

Más relacionados