En la historia de Cuba existen etapas importantes que convidan a profundizar en acontecimientos y figuras no solo nacionales. La Revolución de 1930, definida por la participación popular, diversas tendencias ideológicas, la intensa lucha y la feroz represión de la dictadura en la que perdieron la vida muchos revolucionarios afiliados a diferentes organizaciones es una de ellas.
La oposición a Gerardo Machado se fue generalizando en el país en la medida en que el régimen entraba en crisis. El 12 de agosto de 1933, conocida la noticia del derrocamiento de la sangrienta dictadura de Machado, el pueblo camagüeyano se concentró frente al Ayuntamiento para expresar su alegría y a la vez ajustar cuenta con los testaferros seguidores del régimen.
El acto espontáneo indicaba el clímax de las sucesivas manifestaciones de obreros, campesinos, estudiantes, intelectuales y sectores civiles de la sociedad camagüeyana. Un joven estudiante, José Rodríguez Zunzunegui, conocido por Rodriguito o Papito, destacó en esta lucha, posteriormente por su seriedad, conocimientos y responsabilidad ocupa la Secretaria de Agricultura en Camagüey durante el gobierno de los Cien Días.
Desde Camagüey
En el nuevo gobierno nacional una figura sobresale por la radicalización de su pensamiento y acción: Antonio Guiteras Holmes, quien ocupó la Secretaría de Gobernación, luego de Guerra y Marina, del gobierno de los Cien días (septiembre de 1933-15 de enero de 1934). No obstante, con el golpe de Estado de Fulgencio Batista, pasa a la clandestinidad y funda la Joven Cuba en mayo de 1934.
¿Cómo funcionó la organización en Camagüey? y ¿Fue José Rodríguez Zunzunegui un miembro de la misma? Son preguntas cuyas respuestas se han develado a partir de investigaciones en la localidad, en especial de la acuciosa historiadora y docente Edelmira Rodríguez Portal, quien en un gesto altruista donó al Museo Provincial Ignacio Agramonte objetos de la Joven Cuba entregado por algunos de sus miembros.
La Joven Cuba, reúne a intelectuales, estudiantes, representantes de los sectores más radical de las capas medias y obreros. Su programa es de carácter nacional-revolucionario avanzado, incluía medidas de rescate de los recursos económicos, de afirmación de la soberanía nacional y de justicia social. Manifiesta sus proyecciones antimperialistas y el propósito de organizar la insurrección para retomar el poder.
Su carácter clandestino y estructura por células o escuadras que no superaban los ochos integrantes, con el empleo de sobrenombres y la táctica de “buzón” para recibir y entregar las ordenes, permitió el acopio de armas, entrenamientos y acciones que desafiaban a la tiranía. En Camagüey, desde su articulación en junio de 1934, no existe una sola causa radicada contra un miembro efectivo de la organización.
A los héroes se le recuerda sin llanto…
Al morir Antonio Guiteras se desata una represión en Camaguey contra los revolucionarios, sin importar su filiación política. La orden era de apresar y asesinar a los simpatizantes o integrantes de la Joven Cuba que dirigían grupos de acción.
¿Por qué asesinan a José Rodríguez Zunzunegui?
La respuesta, no por sencilla deja de ser inaceptable, su crimen fue practicar la militancia insurgente, pertenecer a la Legión Revolucionaria -organización antimperialista que realizó acciones de lucha urbana- haber combatido la dictadura de Machado, y ser amigo de Antonio Guiteras, aunque no militaba en la Joven Cuba. Testimonios sobre Zunzunegui le recuerdan cuando visitó con su hermana la tumba de Guiteras en Matanzas, donde lloró la muerte de su amigo.
En la noche del 26 de agosto de 1935, esbirros del servicio de Inteligencia Militar le disparan al joven en la cabeza, como cobardes huyen a las voces de los vecinos que se acercaron al lugar. La muerte de Rodriguito, fue decretada por el teniente coronel Desiderio Sánchez Valera y consensuada por oficiales del Ejército Constitucional, la Policía Nacional y el aparato de inteligencia militar.
Hoy, a 86 años del asesinato José Rodríguez Zunzunegui, el estudio, y la divulgación de la vida del mártir camagüeyano es un deber impostergable para los historiadores.



