En la plaza del Carmen, el viejo Matador, un camagüeyano de piel curtida por cien soles e inmortalizado en el bronce, lleva sus tinajas antiguas para repartir ese líquido vital que desde antaño ya escaseaba en la vieja villa.
Hoy he pensado en ese personaje del aguador y en nuestro símbolo máximo de la ciudad: El tinajón, porque es quizás la primera lección de equidad que ofrece Camagüey; el agua guardada no distinguía entre el sediento que llegaba a pie o el que llegaba a caballo en los tiempos coloniales.
Por qué equidad
Más allá del símbolo, el 1º de marzo nos obliga a preguntarnos cómo vive la Ciudad de los Tinajones ese principio. Y la respuesta está en su gente.
En 2014, las Naciones Unidas proclamaron esta fecha como el “Día Mundial de la Cero Discriminación”, una jornada impulsada originalmente por ONUSIDA para recordar que todas las personas merecen vivir una vida plena y digna, sin importar su origen, su condición, su género o sus elecciones.
Pero en Camagüey; la efeméride viene del pasado, debemos buscarla en lo cotidiano.Y es que el Día Mundial de la Equidad no nació de un día para otro. Nació de la constatación de que el estigma mata, de que la discriminación duele, de que las sociedades que excluyen no son justas.
Equidad del barrio
Aunque vivimos tiempos difíciles, creo que aún quedan muchas personas sensibles, con deseos de servir, de ser equitativos, así lo pude apreciar en algo tan simple como la cola del pan, esta mañana, en la panadería de la calle República.
Les aseguro que no es una cola cualquiera: es una de esas colas cubanas donde el vecino guarda el turno al que tiene que llevar al niño a la escuela, donde la anciana del bastón pasa primero sin que nadie proteste, donde el pan no es para todos igual (a veces hay de más gramajes o más pequeños, de mayor y menor precio, otras veces solo hay el más costoso y en muchas ocasiones no hay), pero el gesto de esperar juntos a que salga del horno propicia conversar, compartir vivencias, iguala.
Eso, en el fondo, es la equidad: reconocer que el vecino de al lado quizás necesita ese pedazo de pan más que yo, también reconocer que merece la misma posibilidad de comprar.
La equidad no es más que eso: permitir que todos, sin excepción, podamos tener iguales oportunidades, sentarnos un día en un banco de esta ciudad rodeados del barro cocido, entrar en la cola del pan sin que nadie tenga en cuenta sus ropas, orientación sexual o color de la piel y sentir que, al menos por un instante… el agua del tinajón nos pertenece a todos por igual.


