Por: Ricardo Muñoz Gutiérrez
El alzamiento del 4 de noviembre de 1868 en Las Clavellinas, que puso en armas a la región del Camagüey en la Guerra de los Diez Años, tuvo entre sus principales impulsores a Salvador Cisneros Betancourt, Eduardo Agramonte Piña e Ignacio Agramonte Loynaz; que en las reuniones de los dos días anteriores convencieron a los vacilantes en esperar las armas mandadas a comprar en el exterior, o secundar el movimiento de Carlos Manuel de Céspedes con las insuficientes armas que se tenían.
El conocimiento de que las autoridades españolas enviaban un barco con 1 500 rifles a Nuevitas y las mismas serían trasladadas por ferrocarril a la ciudad de Puerto Príncipe, para equipar fuerzas y enviarlas a Oriente, decide el alzamiento con el propósito de ocupar las armas e impedir la ofensiva contra los patriotas orientales.
Eduardo Agramonte fue el encargado de dirigir el alzamiento en el paso del río Las Clavellinas, hasta que se eligiera el jefe supremo de las fuerzas alzadas. Salvador Cisneros e Ignacio Agramonte quedaron en la ciudad en trabajos de organización o inteligencia, del movimiento revolucionario.
Es difícil escudriñar en la historia de conspiraciones o servicios de inteligencia, porque por su naturaleza no dejan documentos escritos y los testimonios son escasos. Es seguro, pues él lo contó, que Cisneros al día siguiente fue avisado que lo iban a detener. Dejó el coche en la Plaza de Bedoya y escapó junto a su cochero por el río Juan del Toro.
De Ignacio Agramonte toda la literatura afirma que permaneció en la ciudad, y el día 11, se incorporó a la lucha en el Ingenio Oriente.
El ya fallecido historiador de las guerras de independencias en Camagüey, el coronel (r) de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Gerardo Peña Marrero, ponía en duda dicha aseveración y consideraba necesaria la valoración que el trabajo de inteligencia de Agramonte no hubiera sido en la ciudad, y sí por la zona de San Miguel del Bagá; sitio donde el padre tenía una finca y era posible observar el canal de entrada y salida de la bahía de Nuevitas, para conocer si se producía la entrada del barco con las armas.
Teniendo en cuenta que Cisneros era el único contacto entre la Junta Revolucionaria de Camagüey y los patriotas, se preguntaba Peña: ¿Cuál podía ser la necesidad o razón para que también Agramonte quedara en la ciudad?
A lo anterior agregaba: la jefatura del movimiento independentista se asentó en esos primeros días en el poblado de Sibanicú, ocupado por los cubanos, y eso era conocido, incluso, por las autoridades españolas. El análisis de la ubicación de la ciudad de Puerto Príncipe, Sibanicú, el Ingenio Oriente y los caminos de aquel entonces, nos muestra que es imposible pensar que Ignacio haya salido de la ciudad hasta el Ingenio Oriente para desde allí, en horas de la mañana, enviar una nota a Cisneros en Sibanicú, comunicando el lugar donde se encontraba y la disposición para cumplir las órdenes que se les dieran.
Lo anterior, reafirmo, evidencia que Ignacio no salió de la ciudad el 11 de noviembre, lo hizo antes y, además, no fue directamente hasta el Ingenio Oriente; sin embargo, ello no significa que no podamos considerar el día 11 de noviembre como el día de su incorporación a la guerra.
La respuesta de Cisneros a la nota de Agramonte fue que se presentara en Sibanicú. Ya en la entrevista, le ordena la misión de recorrer la zona sur de la región, donde habían varias partidas y cientos de insurrectos —muchos desde el mes de octubre—, para ponerlos bajo la dirección de la Junta Revolucionaria, organizarlos y acordar un plan de operaciones militares. La misión fue cumplida. El 20 de noviembre Ignacio Agramonte y los jefes de partidas, al frente de más 500 insurrectos, firmaron el Acuerdo de Jobabo
Este acuerdo puede considerarse el primer gran servicio político y militar que Ignacio prestó a la revolución, mientras otros intentaban un acuerdo con las autoridades españolas para abandonar la lucha armada a cambio de reformas.


