Tradición
Mi tío Pacho fue un niño intranquilo y ocurrente. En una ocasión para el Día de Reyes, mi abuela le advirtió que si no se portaba bien, solo recibiría como regalo un cartucho de carbón. Llegó la madrugada esperada para buscar los agasajos y a los pies de su cama solo aguardaba en saquito de un kilogramo con ciscos del combustible.
Cuentan que lloró por largo rato al ver el castigo. Muy decepcionado rompió la bolsa y regó carbón por todo el cuarto, hasta que su tía Elvia, quien tenía alma blanda, sacó de unas cajas ocultas en la trastienda de mi abuelo, diferentes juguetes y le hizo jurar al inquieto que había aprendido la lección.
He recordado esta historia tan popular en mi familia, porque esta mañana al conversar con la Lic. Jaquelyn Martínez Egidio, fundadora de la Casa de la Diversidad Cultural camagüeyana, me habló de un árbol de navidad (Caga-Tio) que se llena de regalos para los niños buenos, y de carbón, para los de conducta malcriada, según la tradición catalana.

Son muchas más las herencias europeas que conforman nuestra identidad. Por eso, al conversar con esta mujer amante de su labor, en la casa donde ha dejado 25 años de experiencia, pude realizar un recorrido junto a ella, por las tradiciones rusas, italianas y en mayor medida por las españolas, donde los cántabros, gallegos, canarios y catalanes son los más presentes en el Camagüey.
La casa azul
La casa abrió sus puertas al público el 30 de diciembre de 2010, pero al menos 5 años antes se estaba gestando ese gran proyecto que reuniría por regiones a nuestros antecesores.
Antes de iniciar como Centro de Antropología, primer nombre que se propuso para la Casa de la Diversidad Cultural de Camagüey, ya había varios jóvenes en lo alto de los salones, sobre andamios, con bisturís en manos, descubriendo pinturas murales.
Ellos provenían de la Escuela de Oficios Francisco Sánchez Betancourt, perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad, OHCC, su propósito era develar las pinturas que se sabían debajo de muchas capas de polvo y olvido.
La también conocida como La Casona Azul, es uno de los exponentes de la arquitectura ecléctica con mayor elegancia, en la ciudad, sus grandes pinturas murales, hacen de esta un lugar enigmático, agradable y de una paz infinita -eso dice Jaquelyn y comparto su opinión.
A 15 años de haber abierto sus puertas a la cultura camagüeyana, creo justo resaltar la labor de su colectivo en el apego a las raíces y tradiciones culturales, que obtuvimos de diversas partes y latitudes del mundo.
Jaquelyn
Mucho ha llovido desde aquel 30 de diciembre, en que la bella mansión cercana al parque Agramonte fue un gran suceso; todos querían ver de cerca la hermosa edificación, majestuosa y llena de curiosos objetos museables, que en sus cuatro salas expositivas resumidas en música, artes decorativas, religiones y una transitoria para objetos familiares de los inmigrantes, narran la llegada a Cuba de nuestros abuelos.
Para la especialista es un placer cada peña cultural, sobre todo tiene un amor especial por la Germayor Catalana, que cada primer sábado del mes reúne a sus descendientes, para llevar hasta el callejón de La Mayor, su música, sus recetas de comida, los oficios y manualidades y también esas costumbres ancestrales, que llegan hasta nuestros días, como “la historia del cartucho de carbón para los niños desobedientes”.
La casa azul es un sitio de encuentros, allí por primera vez en la historia compartieron la mesa cristianos y judíos cubanos, para contar sus vivencias y olvidar discrepancias, buscando un diálogo de hermandad.
Por eso, esta mujer elegante (como sus abuelas españolas) al revivir los inicios del proyecto, todas sus caminatas en busca de documentos y objetos, mira hacia atrás y con satisfacción dice que: ama ese lugar, que está realizada como profesional y agradece a la OHCC la oportunidad de investigar, también su eterna gratitud va a los ciudadanos españoles residentes en Camagüey, por confiar en ella sus recuerdos.
Este repaso por la labor de la Casona Azul, de reunir herencia y diversidad, es un privilegio, pues muchos expertos aseguran que, no hay otro lugar en la ciudad con tantos valores reunidos. Ya entiendo por qué Jaquelyn dice que si volviera a nacer regresaría a ese trabajo de ensueños.


