¡Llegó septiembre!

Foto: José A. Cortiñas Friman
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¡Y ahora sí que llegó septiembre! Los uniformes, los zapatos, las medias, las mochilas con sus útiles escolares dentro, y tantos otros detalles preparados. Más de un pequeño, sobre todo los que arribaron a su primer día en el Preescolar, estuvieron anhelando que llegara el momento de ir a la escuela, y hasta alguno que otro no durmió a piernas sueltas por temor a quedarse dormido y retrasarse; porque ese gran día es todo un acontecimiento.

Hace muchos años, cuando mis hijos eran estudiantes y llegaba ese día de comienzo del curso escolar, en ocasiones sentía un poco de nostalgia por ellos; tal vez, porque nos separábamos después de un largo período vacacional juntos, o porque simplemente los veía tan pequeños e indefensos, que dejarlos me provocaba un sentimiento entre angustia y desconsuelo, que hasta hoy recuerdo con total claridad.

Sin embargo, cuando regresaban a casa y contaban sus experiencias del día y la nueva ilusión que los atraía hacia su escuela, aulas, amiguitos y maestra, era cuando me sacaban de aquel efecto de desazón que me había envuelto durante toda la jornada; entonces comprendía que estaba equivocada, pues eran felices por ese comienzo. De inmediato me involucraba en la rutina de ayudarlos a hacer tareas, forrar libros y libretas, sacar puntas a los lápices; en fin, todo lo que suelen hacer padres y familiares en general, cuando los pequeños llegan de sus respectivos centros escolares.

En la familia, todos nos esforzábamos por conocer sobre qué datos históricos habían aprendido, pues para nadie debe ser un secreto, que la historia local debe jugar un papel preponderante en nuestra enseñanza. Gracias a ella se forman valores de patriotismo y de identidad, que deben afianzarse en cada hogar, para lograr que nuestros niños y estudiantes en general sean mejores cubanos.

Enhorabuena entonces por el presente curso escolar que estamos recibiendo, y para todo el personal docente o no, que con tanto amor dedican intensas horas a educar y enseñar con la mejor de sus sonrisas y energías a las actuales y futuras generaciones, para convertirlos en personas útiles y valiosas orgullosas de ser cubanos, de ser camagüeyanos.

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