Manos de Mujer y aroma de café

Foto: Cortesía del autor
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Dijo el Maestro que toda bella obra tiene manos de mujer. Pues la protagonista de esta crónica aporta con las suyas, además de belleza, orientación oportuna al recién llegado, facilita o recibe información cuando no está la secretaria y, sobre todo, es orfebre del mejor café que se sirve para atender a los visitantes, en la Oficina del Historiador (OHCC).

Irisbel Vázquez Guillén es una de esas personas sencillas y discretas, con quien desde la primera vez que tratas parece que la conoces desde siempre. Habla bajito y es algo tímida, pero sabe muy bien qué hacer para atender a todos y ofrecer un servicio con elegancia.

Por eso cuida con celos la vajilla y se enorgullece de tener “la misma de hace varios años”; su atención en la sala de reuniones resulta vital.

Iris

Todos le llaman así de cariño. En sus años de estudiante comenzó a estudiar Química en el Pedagógico, pero luego descubrió que le gustaban el secretariado y la gastronomía, dos labores muy necesarias en la sede de la institución, pues con tanto movimiento diario de personal y visitantes, es imprescindible contar con alguien que ponga orden en casa.

Y digo casa, porque eso es para Irisbel la OHCC. Desde hace mucho está allí, primero en la recepción, luego en la secretaría y finalmente en el sitio que cuida con esmero; no permite que otra persona limpie u ordene lo que ha sido su espacio de trabajo durante tantos años: el Pantry de la Dirección.

La Ciudad vista con los ojos de Iris

Al preguntarle qué lugares de Camagüey prefiere, duda entre la Plaza del Carmen (donde se encuentra su sitio de trabajo) y el Parque Agramonte, aunque ha estado ligada a otros, en los que contribuyó con horas de trabajo voluntario y disfruta visitarlos. Entre esos figuran el Museo Ferroviario y el Paseo comercial de la calle Maceo.

Hasta el poblado de Jaronú llegó el café de Iris, en aquella ocasión para apoyar a los que laboraban para su recuperación, tras el paso del huracán Irma en 2017. Este fenómeno destrozó las pequeñas Islas que encontró a su paso por el Caribe y en Cuba, por el norte de Camagüey, hizo también estragos en ese lugar antiguo y hermoso.

Para relajar tensiones le pedí el secreto por el que su café siempre queda con un punto único; toda sonrojada y con una sonrisa me dijo que… “no hay ninguno, sólo debes hacerlo a fuego muy lento y con el mimo deseo con que lo cuelas en tu casa.” 

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