Cuando la música corre por las venas resulta muy difícil no expresar emocionantes sentimientos envueltos en acordes e inolvidables melodías. Este es el caso de Reinier Mariño y un grupo de amigos que decidieron unirse en Camagüey para regarle a los hijos de esta ciudad arte, pasión, música y baile flamenco de los buenos.
No fue en un teatro, ni un escenario muy esplendoroso, el lugar fijado: la plaza de la Solidaridad o del Gallo, como casi todos la conocemos, un sitio sencillo pero acogedor donde la naturalidad y calidad de la música de sus ejecutantes brillaron aún con más fuerza.
Niños, adultos, foráneos, trabajadores de la Oficina del Historiador, medios de difusión masiva; pueblo en general; se sumaron de una forma tan singular que parecía increíble poder tener a tan excelsos músicos en frente y retroalimentarlos con los aplausos, las sonrisas y hasta con uno que otro acompañamiento musical.
Fue como tenerlos en la sala de la casa, pero salidos del telerreceptor. Reinier compartió con orgullo el ser hijo de una camagüeyana, su cercanía con Dulce María Loynaz, su arraigo por Cuba a pesar de vivir lejos de ella; y el respeto que le profesa a los camagüeyanos por sus modales y cultura.
Un momento singular, en la noche, lo tuvo el compartir con una niña de tres años, Sofía del Carmen, que soñaba subirse a un escenario colmado de música y baile español; a pesar de la timidez y el asombro propios de su edad con su traje y gesto valiente le arrebató a Reinier algunas lágrimas; además lo hizo expresarse acerca del sentimiento de padre que lleva dentro.

La voz de Polo Montañez en uno de sus familiares, la flauta a cargo de la hija de Mañito Rivera, las tablas dominadas, al decir del propio Reinier, por el mejor bailaor de Cuba y una bailarina santiaguera que dejó el sentimiento en cada giro, la voz acompañante, el bajista, dos camagüeyanos que compartieron guitarra y cajón; tantos magníficos momentos que no me alcanzaría las letras y los signos de puntuación para mencionarlos.
Sin dudas un regalo inolvidable para este XI aniversario de la inclusión de parte del centro histórico de Camagüey en la Lista de Patrimonio Mundial. Un regalo a la altura de nuestras tradiciones, de nuestra herencia cultural, de parte de la sangre que corre por nuestras venas.
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