Ondas hermanas. La radio en Camagüey

Foto: Jose A. Cortiñas Friman
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Desde 2012 se celebra a propusta de la Asamblea de las Nacones Unidas, ONU, el dia mundial de la radio. La fecha está relacionada con el surgimiento de la primera emisora internacional, era la Radio Canadá Internacional, RCI, llegando a America Latina en 1946.

Para La Ciudad de los Tinajones, la radio no era una novedad lejana, sino un miembro más de la familia. Ya desde 1924, con la fundación de la la primera emisora de la provincia, el éter camagüeyano se había poblado de voces propias.

Para el año en que RCI emitía su primer “¡al aire!”, en Camagüey ya resonaban las programaciones de Radio , tejiendo la vida diaria con noticias locales, música de la orquesta Aragón o de sus propios soneros, radionovelas que enganchaban a las amas de casa, y luego las transmisiones de los juegos de pelota.

La radio por el mundo

En 1946, con la nueva emisora desde Otawa para América, era la paradoja de las ondas: un medio global que se vivía de forma profundamente local. Mientras en Ottawa se preparaban programas en español (que llegarían a partir de 1949) pensando en una América Latina abstracta, en Camagüey la radio era concreta: el anuncio de la bodega de la esquina, el cumpleaños dedicado a un hijo, el grito de “¡jonrón!” que estallaba en todos los receptores del parque, los cantantes de moda en Mexico, ya la radio era parte de lo cotidiano.

 

 

El vínculo, sin embargo, existía. Era invisible y frágil como la propia señal. Algún radioaficionado, un ingeniero de planta, o simplemente un curioso con un buen receptor de onda corta, pudo haber girado el dial en las calurosas noches camagüeyanas y pescado, entre el crepitar estático, una melodía de The Happy Gang o un boletín en francés desde Montreal.

Era la Radio Canadá Internacional llegando, sin proponérselo, a una terraza cualquiera de El Camagüey. Un mensaje en botella electromagnética, que contaba historias de nieve a una ciudad acostumbrada al sol tropical.

Dos tradiciones, un oficio. Ambas emisoras, la recién nacida internacional y las ya maduras locales, compartían una fe inquebrantable en el poder de la voz y el sonido.

RCI quería contar Canadá al mundo. La radio camagüeyana quería contar a EL Camagüey para sí misma, para afirmar su identidad. Una, herramienta de diplomacia cultural; la otra, columna vertebral de la comunidad. Pero las dos hacían periodismo, entretenían, educaban y creaban un espacio público compartido.

El tiempo siguió su curso. Radio Cadena Agramonte se consolidó como una potencia regional, y su icónica torre de 144 metros se erigió en símbolo de la ciudad. Radio Camaguey en su tercera etapa se consolida y aporta al devenir social.

Por su parte, RCI amplió sus idiomas y llegó a millones, incluidos cubanos, hasta que la era digital cambió las reglas. La onda corta se apagó para ella en 2012, migrando a internet.

Hoy, si un camagüeyano busca en la web, puede encontrar los archivos de RCI y escuchar ese primer discurso de 1946. Y al mismo tiempo, puede sintonizar en audio real Radio Rebelde, Radio Progreso,Radio Cadena Agramonte y tambien a Radio Camaguey. Las ondas hertzianas originales pueden haber cambiado, pero el espíritu permanece: el de un medio que, ya sea cruzando océanos o simplemente una calle, conecta, informa y narra la vida, la cultura y su patrimonio.

La paradoja

Mientras la radio de un pais desarrollado ,de un país lejano se estrenaba ante el mundo, en esta llanura mediterranea a través del radio, ya se cantaba su propia canción, con plena conciencia de quién era y lo que se ha defendido siempre, el patrimonio musical de Cuba y del patio.

A más de un siglo de su primera transmision desde el Hotel Plaza, la radio en Camagüey sigue marcando el día a día de sus moradores, requiere de la entrega de todos sus creadores y sobre todo, como la lejana 7Az, sigue materializando la fantasía de quienes se atreven a soñar.

Felicidades a todos los radialistas del mundo, que aún con la modernidad, siguen defendiendo y apostando por este medio tradicional,  vital para informar, educar y sobre todo para tejer puentes de amistad.

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