Persistencia aborigen en Pueblo Viejo: esencialidad histórica

Foto: Cortesía del autor
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Por: Iosvany Hernández Mora

En pleno proceso de conquista y colonización de la isla de Cuba, en la segunda década del siglo xvi, el adelantado Diego Velázquez ordenó fundar siete pueblos de españoles, entre ellos Santa María del Puerto del Príncipe. Como otros núcleos hispanos en el Nuevo Mundo, Santa María tuvo una existencia azarosa en sus primeros años, ocupando al menos, según la historiografía local, tres diferentes lugares en un dilatado territorio.

Estas ocupaciones se conocen como Pueblo Viejo -en la Bahía de Nuevitas-, Caonao -al norte de la comarca-, sitio actualmente no localizado en las cercanías del río homónimo, y finalmente el lugar mediterráneo, en algún espacio de la actual ciudad de Camagüey. De estos tres emplazamientos el único que puede mostrar para estos fines una suficiente y sólida investigación histórica y arqueológica, es sin lugar a dudas, Pueblo Viejo, el cual ha sido objeto de estudio desde la década del setenta del pasado siglo.

Se debe al destacado escritor nuevitero Enrique Cirules el reporte de los primeros hallazgos tras el paso del ciclón Flora, lo que suscitó el interés de la Academia de Ciencias de Cuba y del Ministerio de Cultura en varios momentos, con investigaciones en los años 1964, 1973 y 1976.

Lo alcanzado para entonces en el ámbito científico, a pesar de las aseveraciones en la prensa, se mostraba con cierta incertidumbre por la mezcla contradictoria de elementos considerados esencialmente aborígenes y de época colonial tardía, complejidad conectada con una realidad histórica, social y cultural no muy bien sopesada en aquellos años.

Y es que, matizado por ser un lugar de arribo y partida, característica fundamental de los sitios costeros, Pueblo Viejo experimentó constantemente múltiples tensiones culturales: encuentros y desencuentros de elementos coloniales, con la presencia persistente de aborígenes antillanos, mestizos y africanos libres y esclavizados.

Las investigaciones de campo iniciadas en el 2007, conjuntamente con las excavaciones extensivas en marzo de 2012, confirmaron el uso del enclave por una comunidad aborigen mucho antes del arribo europeo, al menos desde el siglo XII, según fechados absolutos de Carbono 14; lo cual muestra su antigüedad y lo enlaza coherentemente con otros territorios, en los que se ha podido apreciar la situación de estos grupos en su distribución migratoria hacia el este, como Banes en Holguín, Puerto Padre en las Tunas, Sierra de Cubitas en Camagüey, y Cunagua y Buchillones en Ciego de Ávila.

Asimismo, la localización de Pueblo Viejo entre dos elevaciones, emplazamiento conocido como el Valle del Chorrito, por la existencia de un ojo de agua salobre, fue aprovechada a partir de la lógica occidental, para un régimen de vida que demandaba la defensa y vigilancia del lugar, al propiciar la observación, protección y control de la entrada a la bahía, aspecto que atraviesa su historia desde el siglo XVI.

Se conoce por la investigación de archivo que el grupo local, encabezado por un criollo llamado Lázaro Pinto, quizás descendiente de aquellos primeros pobladores, en pleno contexto del contrabando y de comercio ilícito, desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta las primeras décadas de la siguiente centuria, estructuró el espacio y ocupó extensivamente el área, con un impacto visible hasta hoy, en lo que se ha determinado como el área arqueológica del Guincho.

Sin embargo, lo aborigen es invisible en la documentación histórica -oficial- que trata la cuestión de Nuevitas, desde que se decidió crear población luego de la declaración de su bahía para el comercio libre con España en 1779.

De manera que la supervivencia de los elementos culturales aborígenes sólo se puede constatar en la materialidad de la vida cotidiana de sus pobladores, que permaneció arraigada y transculturada con aspectos de origen africano, manifestándose no sólo en el uso de la cerámica acordelada, y del burén para procesar los alimentos, entre otros aspectos, sino en las estrategias de explotación de los ecosistemas para la subsistencia, lo que dejó, por ejemplo, algunos conchales del conocido “Cobo” (Strombus gigas) en los alrededores de Pueblo Viejo.

Aún en el siglo XIX y primeras décadas del XX, en una de las isletas o ballenatos, como también se les conoce, situados en el interior de la bahía frente al valle del Chorrito, se fabricaba el casabe a la manera tradicional, y en la actualidad muchos no advierten al pasar cerca del pequeño malecón de Nuevitas, que el corralito para los barcos de los pescadores, visible desde la orilla, es una supervivencia de aquellos corrales aborígenes realizados para la captura de peces.

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