Por: Kenny Ortigas Guerrero (presidente de las Artes Escénicas en Camagüey)
Interrogar la realidad, cuestionar nuestro proceder como individuos en sociedad, iluminar zonas del pensamiento que permitan mejorar las relaciones del hombre como especie frente a su naturaleza y corregir posturas que hoy, conllevan a la incomunicación y la barbarie. Todos estos elementos pueden ser desnudados a través del teatro, y desde la representación podemos tocar esa piel sensible de la mortalidad que requiere urgentemente de un acto de purificación.
Un poco de historia
Desde tiempos antiguos, el teatro enfrentó a los seres humanos con sus propios demonios, colocó sus conflictos en una dimensión artística para recorrer el camino definitivo a la catarsis y que estimulara la reconciliación con el universo.
¡Qué hermoso el teatro! Privilegio que tenemos para volar con mirada crítica y poética sobre los problemas y vicisitudes, dejando caer sobre ellos una fuerza poderosa, cargada de sentido común e inteligencia.
El teatro es un puente de diálogo y reconocimiento muto, es crónica del tiempo que de forma contundente, nos deja maltrechos y lastimados. Ahí está la escena, el actor, el público. Un espacio cualquiera incorpora la magia de los personajes y sus acciones para entablar comunión y empatía. Acercarse al teatro es un acto de fe, es colocar la mirada aguda en aquello que nos hace mejores, sobre todo, cuando parece que el mundo se desmorona en confrontaciones y luchas de poder.
Del pueblo venimos y hacia él vamos
El teatro está al servicio del pueblo, es su espejo y lugar de confort, ahí se es fuerte, ahí se tiene el coraje de transgredir los límites de la realidad para alcanzar otros niveles de percepción sobre la vida misma.
En este día internacional del teatro, tenemos como obligación, asestar un duro golpe a la indiferencia, a la apatía, la desidia y el desamor. El teatro tiene que edificar y reconstruir el camino hacia la liberación plena del alma, indicarnos el camino, o varios de ellos, que conduzcan a la reflexión inmediata de la especie y su destino.
Que este día de gozo y celebración, sea también de profundas revisiones a cerca de cómo afectamos paz y la armonía. Sirva además el acontecimiento, para renovar formas y procederes, estableciendo un mayor compromiso del arte con los lugares más desfavorecidos. Más que nunca, el teatro debe tocar el corazón de las comunidades vulnerables, tiene que llegar donde la espiritualidad está quebrada para intentar restaurarla.
Cantemos todos desde la escena el himno de la solidaridad y de la emancipación, cantemos desde la escena a favor de la diversidad y la inclusión, cantemos desde la escena sobre el derecho a existir y ser felices.


