Regreso a recorrer el corazón de esta ciudad: el entorno del parque Agramonte. Desde su fundación como Plaza de Armas en 1528, este espacio ha sido el centro de grandes acontecimientos y escenario de varias hazañas de patriotismo, muy poco mencionadas.
En el texto De la Plaza de Armas al Parque Agramonte, del investigador camagüeyano Marcos Tamames Henderson, pude encontrar algunas notas de interés y recordar otras, que valen la pena destacar.
Las casas cuentan su historia
Como punto vital del tejido urbano de la ciudad, algunas casas de alto valor patrimonial aún desafían el tiempo y la memoria, con su elegancia señorial.
Entre ellas, destacan la de la familia Recio-Miranda, actualmente restaurante la Volanta; la del marqués de Santa Lucía, antiguo Liceo y hoy Biblioteca Provincial; también una muy exclusiva en la que voy a detenerme, por algunos de sus misterios, la de Doña Lucía Betancourt, que ocupaba toda la esquina de las calles Martí e Independencia.
La casona surgió sobre las ruinas de la primera Catedral de Camagüey, que se presupone estuvo en el ala norte del parque (en sentido opuesto al actual, según los historiadores), hasta 1616; que un incendio la redujo a cenizas. Sobre sus ruinas floreció esta bella casa.
Actualmente, la propiedad es el hogar de nuestros queridos artistas de la plástica Joel Jover e Ileana Sánchez Hing, quien por estar tan enamorada de su Camagüey adquirió la vivienda en los años 90 y, desde entonces, se ha dedicado a investigar sobre sus orígenes y misterios.
Al encontrarnos durante mi búsqueda sobre la historia del Bar El Cambio, local que formaba parte de la casa original, Ileana se ofreció amablemente a darme un tour por su casa; con esa naturalidad que la caracteriza, y me regaló una increíble mañana sobre la máquina del tiempo.
Orígenes
La propiedad era de un tamaño colosal, llegaba hasta el actual Centro de Gestión cultural por el fondo (calle Independencia), donde estaban sus otras habitaciones y el zaguán. Varias transformaciones y divisiones dejaron la casa principal reducida a la primera crujía, el patio central, la cocina al fondo y una segunda planta con habitaciones.
Uno de los misterios ya aclarados por Ileana fue que, al mudarse, en la saleta había una escalera hermosa de caoba “que no llevaba a ninguna parte”; por eso fue un curioso librero hasta que, años después, pudieron recuperar los altos del Bar El Cambio, que originalmente habían sido habitaciones de la casa, y reabrir la puerta que llevaba a los altos. Por tanto, la “misteriosa” escalera volvió a tener su uso original.
Pero como la vida de un artista está llena de enigmas, al reparar las paredes de la sala y el comedor, aparecieron tres nichos funerarios, el primero con los restos de un recién nacido y los otros vacíos. Hoy los cubren bellas obras de gatos y rostros camagüeyanos, nadie imagina los secretos que reposaron allí.

Los nichos reafirman la investigación de Tamames, que se refiriere a la ubicación ahí de la parte posterior de la primera Catedral, donde se realizaban los enterramientos de sus feligreses.
La casa, como su actual inquilina, es un boleto en el tiempo, lleno de curiosas historias y elaboradas cenefas, que nos llevan al pasado del Camagüey alrededor de su antigua Plaza de Armas; desde donde fue creciendo y evolucionando.
Colecciones
Las diversas colecciones de Ileana la han llevado a reconstruir muchas historias de la Ciudad de los Tinajones en el tiempo.
Con solo una hojeada es muy difícil ver todos sus tesoros, pero los relojes de las diversas familias vinculadas al ferrocarril, los vasos de diferentes establecimientos gastronómicos y algunos carteles de calles, cafeterías y comercios; denotan el amor de la artista por su terruño, con el cual se rodea cada día para despertar la inspiración.
Gracias Ileana y Joel por abrirme sus puertas y mostrarme la magia, los entresijos y el espíritu que guardan la casona y la hacen una joya patrimonial.


