Recuerdo de buen hacer

Foto: José A. Cortiñas Friman
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Soy de esa generación de personas que les gusta la organización, que somos previsores y que la cultura del detalle hasta nos puede embriagar, por eso cuando comencé a laborar en la Oficina del Historiador de la Ciudad, aunque con una enorme responsabilidad y tareas que asumir, me resultó fácil adaptarme a su sistema de trabajo.

Mi experiencia del paso por esa institución fue sumamente agradable, si bien, como ya he comentado en otras oportunidades, no transcurrió en una balsa de aceite, sí fue algo extremadamente enriquecedor que me enseñó infinidad de mecanismos. Con la ayuda de un gran colectivo acompañándome logramos engrasar y echar a andar una de las direcciones más abarcadoras de la Oficina, en cuanto a su versatilidad de funciones y encomienda social. Me refiero a la entonces Dirección de Patrimonio Cultural del Centro Histórico, actual Subdirección, con la nueva estructura.

Para cada evento, actividad, jornada, exposición y otros tantos acontecimientos que allí se realizan, siempre tuvimos una preparación con gran antelación a la fecha en que se llevaría a cabo. Por ejemplo, del programa de la Semana de la Cultura perfectamente se podía tener una primera versión desde el mes de octubre del año anterior, y así ocurría con cada uno.

Y, como es lógico, el desfile del primero de mayo no escapaba a esto.

Recuerdo que el Director convocaba a todos y daba desde el mes de abril las señas generales y cada dirección, incluyendo las empresas adscriptas entonces a la Oficina, también participaban, y junto al Buró Sindical, orientaban las pautas a seguir. Una comisión creada a los efectos se ocupaba de concentrar las ideas de cada entidad y se conformaba de esta manera el plan, que posteriormente era chequeado sistemáticamente. Cada tarea poseía un responsable, quien tenía que rendir cuentas de su gestión hasta el momento, de ese modo lográbamos mayor riqueza, con la colaboración de todos, pretendiendo así que nuestro bloque poseyera el colorido, unidad y belleza que el suceso ameritaba.

Los estandartes y carteles, el Conjunto Artístico Arlequín, la conga para la que casi siempre convocábamos a la agrupación Rumbatá, el agua, los que portaban la bandera gigante, los que la custodiaban con sus vestuarios de mambises y cuánta idea se pudiera aportar era bien recibida. Los acuerdos y las acciones aprobadas eran chequeadas y aseguradas, pues como es costumbre, esta institución siempre que podía le gustaba ‘’tocar con la mano’’ cada tarea en la que se enfrascaba; ya que, como decía alguien que me enseñó mucho a trabajar, la ya desaparecida Zenaida Porrúa Obregón, quien se desempeñó como Directora de Cultura Provincial varios años, “…las cosas hay que revisarlas hasta la saciedad para que no nos sorprenda la muerte…’’

Ahora ya no trabajo allí de forma permanente, como ya conocen, solo como colaboradora, pero, sin embargo, estoy segura de que así se mantienen laborando, pues amigos, además de ser extremadamente efectivo este método de trabajo, es un modo de lograr ser mucho más serios y poseer un sello de garantía de buen hacer, ese que ha caracterizado tradicionalmente a la Oficina del Historiador de la ciudad de Camagüey y va siendo parte de la historia de esta Villa.

Esperemos pues que este próximo Dia Internacional del Trabajo continúen sorprendiéndonos con su entusiasmo e iniciativas, tan esperadas ya por los camagüeyanos.

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