Siempre me ha impresionado la escultura de gran formato y quienes la crean, he considerado que es muy difícil de realizar y que a los artistas debe resultarle muy complicado su ejecución; cosa que comprobé más de una vez, cuando laborando en la Oficina del Historiador de esta ciudad, y tuve la suerte de mirar muy de cerca muchas de estas obras en pleno proceso de realización.
Recuerdo perfectamente a Martha Jiménez, enfrascada desde sus inicios en aquel complejo conjunto escultórico situado en la Plaza del Carmen. Vi cómo sus manos se agrietaban, se resecaban y hasta alguna que otra lesión le brotó por tan agresivos materiales que moldeaba; no solo con espátulas de diversos tamaños y formas u otros utensilios, sino con sus propias manos, para así lograr la verdadera imagen que ella se imaginaba y había construido en su mente. No descansaba hasta ver su deseo plasmado en el barro, el yeso, la marmolina y, por último, el bronce.
Allá en su taller, inicialmente en la calle General Gómez, con muy poco espacio y hasta falto de condiciones, junto a su vivienda, las visitas eran continuas; también las llamadas telefónicas frecuentes, pues tomábamos la temperatura de cómo iba el arduo trabajo. Primero fueron las tres voluminosas mujeres chismeando en el barrio, con espumadera en mano, y atentas a lo que pasaba en la calle y a cuánto acontecimiento ocurriera, chancleta en pies.
Luego vendrían las otras…el aguador, tomando como modelo vivo a ese señor vecino de por allí, que cargaba agua en sus porrones y la vendía en sus años menos añejos; le apodaban “Matao”. Después el lector de periódicos, hombre real al que se le tomó su impronta gestual casi perfecta, y que se enorgullecía al sentarse cada día al lado de su imagen, para que cuánto transeúnte pasara lo admirara y se asombrara del parecido que los unía.
La pareja de enamorados, las jardineras, los bancos… todo complementa el complejo, que lo hace único en nuestra ciudad y del que se habla con mucha curiosidad por cuántos lo visitan.
Al evocar este lugar por el que con frecuencia diaria transitaba, es inevitable recordar aquellos momentos y ver cómo ahora, en medio de esa propia plaza, espléndida y bien plantada, en una de sus casonas coloniales la artista posee su galería taller. Este espacio es frecuentado por camagüeyanos deseosos de adquirir alguna de sus obras, o extranjeros que arrastrados por su magia llegan para encontrar la pasividad que en ese patio se percibe y deleitarse no solo con sus esculturas, sino con grabados, dibujos, pinturas y cerámicas de pequeño formato que salen de sus manos; las que siguen siendo prodigiosas y creadoras, y que en no pocas ocasiones vuelven a mostrar alguna que otra magulladura por la agresividad de lo que moldea.
En este día del escultor, y habiendo tomado solo una de nuestros importantes artistas que cultivan este género, a la amiga Martha Petrona, llegue nuestra felicitación a todos los escultores, quienes tienen el maravilloso don de crear tales obras de arte.


