Por: MSc. Ricardo Muñoz Gutiérrez
En julio de 1890 el general del ejército de los Estados Unidos y gobernador militar de Estados Unidos en Cuba Leonardo Wood, dictó una Orden Militar convocando a elecciones para elegir los delegados a una asamblea constituyente que redactaría la Constitución de Cuba y, como parte de ella, establecer las relaciones de Cuba con los Estados Unidos. Salvador Cisneros Betancourt fue uno de los constituyentistas elegidos por Camagüey.
La Asamblea Constituyente no comenzó hasta el 5 de noviembre; según Cisneros, solo después de que se efectuó la reelección del presidente de los EU y poder, sin temor a perder votos, presionar a los cubanos para establecer un gobierno “[…] de acuerdo con sus intereses y los de la Nación Americana.”
En el discurso inaugural de la Convención, Wood reiteró más de una vez la pretensión yanqui para que como parte de la Constitución se definieran las relaciones con los Estados Unidos, exigencia que recibió un rechazo tácito de los asistentes. Sin embargo, Cisneros consideró necesario fijar posturas desde un inicio y promovió junto a otros, una moción para, después de constituida la Asamblea, responder al discurso injerencista pues la “[…] Convención debe obrar con entera independencia” y lo pretendido puede “[…] entorpecer el inmediato establecimiento de nuestra República […]”
Solicitó una sesión pública, imprescindible, para responder a las interrogantes: ¿las relaciones formarán o no parte de la Constitución? ¿las relaciones son iniciativas cubana o indicación de los Estados Unidos? y ¿la Constitución debe enviarse a la aprobación de los norteamericanos? Las respuestas aclararían preocupaciones de los cubanos, obligaban a los constituyentes a demostrar sus verdaderos sentimientos y a los EU a responder concretamente sobre sus intenciones.
Concluida la redacción de la Constitución, el 12 de febrero los constituyentes crean una comisión para estudiar lo relativo a las relaciones con los Estados Unidos. El dia 18 Cisneros en previsión de las maniobras norteamericanas que se avecinan, intenta poner a salvo la Constitución y solicita a la Asamblea que “[…] toda vez que hace días que está concluida la Constitución se proceda en el acto, ó lo más pronto posible, á una sesión pública extraordinaria para firmarla; pues como cuestión de orden, debe hacerse con preferencia y antelación á cualquier otro asunto.”
El 21, sin conocerse aún los acuerdos de la Comisión, los asambleístas son convocados para firmar dos ejemplares de la Constitución de la República de Cuba, uno de los cuales sería enviado al Gobernador Militar. Cisneros se opuso por considerarlo un acto de sometimiento sin razón alguna y solicitó que se le especificara cual sería el remitido al Gobernador Militar; como no se le identifica, no firmó ninguno de los dos documentos; aunque fueron firmados por el resto.
Seis días después, la Comisión rechazó toda intromisión en los asuntos internos de la isla y declaró que las relaciones entre Cuba y los EU era asunto del futuro gobierno de la Isla. La Asamblea apoyó la decisión, el asunto de las relaciones, a pesar de haber sido una indicación de la Orden Militar convocando a la Constituyente y reiteradas en varias oportunidades por las autoridades norteamericanas de la Isla y en los propios Estados Unidos, se da por concluido por los cubanos. Por lo menos así, aparentemente, lo creyeron.
El 26 de febrero circuló un impreso firmado por Cisneros con el título “Voto particular del que firma a la Convención de delegados relaciones entre los Estados Unidos y Cuba” donde reitera y expresa nuevas y fundamentales ideas sobre el tema. Sobre los métodos empleados por los yanquis para preservar su imagen internacional apunta:
Los Americanos pretenden y proponen que las Relaciones entre ambas Naciones sea parto exclusivamente de los Cubanos, y que ellos, los Americanos, nada piden ni nada quieren sino todo lo que consigan y obtengan sea acto voluntario de los cubanos para con ellos, y que nunca se les pueda echar en cara que no vinieron á Cuba por humanidad como pregonaron, sino con miras particulares é interesadas. [se respeta la ortografía original]
En cuanto a legalidad de la pretensión estadounidense sostiene la idea de que si Cuba aun no es nación jurídicamente sustentada carece, en consonancia con ello, de capacidad legal para contraer compromisos:
Cuando la República de Cuba, esté legalmente constituida y nombrados los poderes para su gobierno, entonces, no antes, es la oportunidad para que el Gobierno de los Estados Unidos ocurran al de Cuba, como lo puedan hacer las demás naciones y celebrar cuantos tratados crean convenientes y entonces, no serán degradantes al Gobierno de Cuba al aceptarle, ni muchos menos aparecerá que el Gobierno de los Estados Unidos aprovechándose de la oportunidad se nos quiera imponer.
Lo anterior constituirá uno de sus basamentos de su campaña antiplattista.
Para Cisneros y otros, el tipo de relaciones que los EU tratan de imponer es perjudicial para Cuba y existen las condiciones para enfrentarlo y evitar que la República nazca con merma de su soberanía.
Mientras esto sucedía en Cuba, el Congreso y el presidente de los EU —consciente que los cubanos no admitirían merma a la independencia absoluta— se quitaron la careta y aprobaron incorporar a la Constitución de la República de Cuba un anexo conocido como Enmienda Platt; si los cubanos no lo aceptaban el Ejército de los EU no se retiraría de Cuba y no se formaría el Estado Cubano. Tal era el chantaje.
Desgraciadamente los temores y denuncias de Cisneros tenían fundamentos: los buenos cubanos iniciaban otro combate por la independencia absoluta; ahora, contra el imperialismo yanqui.
Fuentes:
– Salvador Cisneros B.: Resultado Final. Folleto Num. 4. La Habana. Imprenta de J. Huguet. 1901. p. 17, 23-23, 28.
– Archivo Nacional de Cuba: Fondo Adquisiciones. Leg. 86, N° 4390. Folio 7. Salvador Cisneros B. Voto particular del que firma a la Asamblea de Delegados relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. 26 de febrero de 1901. Impreso.


