Por: MSc. Ricardo Muñoz Gutiérrez
Salvador Cisneros Betancourt fue el cubano de más larga vida política de fines del siglo XIX y principio del XX. Líder del pueblo camagüeyano en las guerras de independencia, donde los militares se robaron los papeles protagónicos y a los civiles les correspondió ——con o sin razón—— muchas veces ser responsables de errores que perjudicaron la contienda militar; Cisneros fue cima del “bando de los civiles” y muchas veces responsabilizado con tales desaciertos. No obstante, solo la personalidad de Ignacio Agramonte impide que veamos a Cisneros como el primero de los patriotas camagüeyanos.
Su actuar durante estas contiendas, ha sido investigada y ocupa cientos de páginas en la historiografía; sin embargo, mucho menos espacio se le ha dedicado a los años que siguieron desde la retirada de España hasta su muerte en 1914. En ocasión de conmemorarse este 10 de febrero, 198 años de su nacimiento, vale recordar su posición ante la República surgida el 20 de mayo de 1902.
En 1906, ante la traición del presidente Tomás Estrada Palma que solicitó una nueva intervención de los Estados Unidos en Cuba, se produjo la Segunda Ocupación de la Isla por el gobierno y el ejército de norteamérica. Solo el 28 de enero de 1909, después de realizada nuevas elecciones, se restableció la República con un nuevo Congreso y el presidente José Miguel Gómez. Muchos buenos cubanos volvieron a soñar; aunque, los más avezados miraban con escepticismo el futuro.
Entre estos últimos patriotas, estaba Salvador Cisneros Betancourt, aún conocido como el Marqués de Santa Lucía; aunque con el término de Marqués solo le podían dirigir la palabra los que habían luchado por la independencia pues, afirmaba, que al enfrentar el dominio español había renunciado al título que significaba ser súbdito del rey de España.
Para este nuevo ensayo de República, Cisneros fue reelegido senador por la provincia de Camagüey y los directores de la revista Letras, José Manuel y Néstor Carbonell, le pidieron su opinión al respecto con la pregunta “¿Qué harán por Cuba los legisladores?”
Comienza respondiendo el Marqués destacando dos ideas que solo al enunciarlas demuestran los principios que han regido su proceder patriótico y la comprensión de las amenazas que acechan, en 1909, el proyecto de muchos en la manigua.
La República de Cuba restaurada, necesita que sus representantes estén inspirados en estos dos sagrados y formidables LEMAS:
“¡¡INDEPENDENCIA O MUERTE!!” Que fue el que llevó a la lucha a mis viejos compatriotas de 1868.
Y el lema inmortal de nuestro gran Apóstol, de 1895 “¡¡CUBA, CON TODOS Y PARA TODOS LOS CUBANOS DE BUENA VOLUNTAD!!”
Para Cisneros, no eran simples lemas, eran principios sostenidos en las más difíciles condiciones desde 1868 en que se fue a la manigua y sacrificó la familia pues varios murieron, incluyendo esposa e hijas, en la manigua o en la emigración y le fueron confiscadas sus propiedades, una de las más grandes del Camagüey.
Considera el senado, con casi 80 años, que los senadores y representantes a la Cámara, deben
Hacer … leyes vigorosas que tiendan a mantener incólume la Soberanía … y que defiendan, a todo trance, los intereses generales del País.
Lo primero que deben hacer, los Legisladores, al formar el Congreso Cubano, es hacer por quitar la dura y ominosa Ley que se nos ha impuesto, valiéndonos de cuantos medios pacíficos sean posible…
Consciente estaba el dos veces expresidente de la República en Armas que la “ominosa Ley” o Enmienda Platt era causa de muchos males de la República y causa fundamentalmente de que Cuba no tuviera una “independencia absoluta” a la cual para lograrla había dedicado, dedicaba y dedicaría los mayores esfuerzos hasta su muerte.
Una falta moral del estado cubano, surgido en 1902, era la deuda con los veteranos de las guerras de independencia y sus familiares; por ello
Es de absoluta necesidad la aprobación … de la Ley que dispone, la liquidación de la Deuda del Ejército, por ser una fatal injusticia, la que se ha cometido con más de diez mil infelices soldados, que aún no han apercibido siquiera, el dinero que debe corresponderle del primer plazo, cuando otros han cobrado y disfrutado de la totalidad de su haber.
Comprendiendo que la soberanía nacional pasaba por varias aristas de la vida de la Nación expresó: “También es necesario ocuparse de hacer leyes sabias y provechosas para la Agricultura, la cual ha estado hasta aquí, completamente relegada, siendo la que más directamente contribuye a la riqueza y prosperidad del País…”
Destacó que Cuba tiene que ser “…una Nación modelo y ejemplar, que establezca sus propias Leyes … sin que nos apoyemos en Código de ningún País, ni tratemos de imitar los usos y costumbres de otras Naciones, debiendo solo tener los nuestros y por tanto, hacer nuestras Leyes, únicas y verdaderas.”
De esa forma, los legisladores harían lo mejor por Cuba para “¡Qué no vuelvan más a gobernarnos! ¡qué no vuelvan más a intervenirnos; pero, para eso es necesario, que nos amemos un poco, nosotros mismos!” y lograr que en la “… República soñada por nuestros viejos patriotas y nuestra sufrida bandera, volverá radiosa a iluminar el Espacio … ¡Pues bien! ¡Que sea la única bandera que ilumine y, que no quepa, en nuestra sencilla Casa, una bandera más!!”
Claro está, se refería a los Estados Unidos de América.
Fuente: Archivo Nacional de Cuba. Fondo Academia de Historia. Leg. 486. No 377. En: Cento Gómez, Elda y Muñoz Gutiérrez Ricardo: Salvador Cisneros Betancourt: Entre la controversia y la fe. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2009.


