No era cualquier mes de julio, este resultaba especial en la comarca de pastores y sombreros, le nacía al Camaguey un niño que enaltecería la cultura de la nación con nuevos bríos. Con él la transculturación y el color de la patria se impregnarían de una manera única. La fuerza del mestizaje latía en su corazón.
Poemas de transición, Motivos de Son, Sóngoro Cosongo y el Son Entero, se acompañaron del ritmo perpetuo que la cuidad de los tinajones le brindaba al poeta. Sonidos de caballos sobre los adoquines, calor intenso en los rostros de los trabajadores, describía cada palabra que de su pluma brotaba.
El amor, los mártires, los animales, el sol, y hasta el principito boliviano se ganaron un puesto en sus impresionantes poesías, también la admiración hacia Ignacio Agramonte (El Mayor) y Ernesto Guevara (Ché) colmaron largas páginas donde la sonoridad se hacía perpetua.
La ciudad que lo vio nacer lo recuerda en su Prosa de Prisa, en su andar seguro, con su mirar profundo que descubría lo que para otros no era visible. La Habana lo abrazó en su último suspiro; pero su esencia continúa creciendo en la tierra que tanto amó, donde el agua de los tinajones cuenta su historia. Su nombre: Nicolás Guillén.


