Un recorrido por las calles de la eternidad IX – Jorge González Allué

Foto: Frank Flores Albor
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El cementerio general de Camagüey es el más antiguo del país  en funcionamiento, los 205 años de fundado ameritan su preservación. Diversos estilos arquitectónicos de alto valor patrimonial nos recuerdan a los de la ciudad, solo que estos son las moradas de la eternidad.

Por tales razones, la Oficina del Historiador convocó a su equipo multidisciplinario, a la dirección Provincial de Servicios Comunales y a los artistas del Fondo de Bienes Culturales, para realizar una intervención en puntos de interés histórico, que ya recuperan los detalles e imagen.

Los sitios de intervención son el primer y segundo tramo, algunas bóvedas en  las calles tercera y cuarta y el panteón de los combatientes caídos en misiones internacionalistas en África.

Mientras se trabaja en los pormenores de cada sepulcro, quiero acercarlos a las historias de cada personalidad que  hallaremos en un recorrido por los caminos a la eternidad.

La ruta de hoy va con la melodía de la Amorosa Guajira, porque hoy te propongo acercarte a su compositor, Jorge González Allué, en su loza inicia el primer tramo del cementerio.

Recordando a Allué

Cada mañana camino al trabajo paso por la casona de la Avenida de los Mártires, esquina a la calle Gonzalo de Quesada, hermosos recuerdos de mi infancia afloran, pero a la vez el abandono y la destrucción del inmueble me traen dolor por tan triste imagen.

En esa casona vivió, el mayor tiempo de su vida, el compositor camagüeyano, Jorge González Allué, el último de los grandes, como le llamó en su libro Oscar Viña. Allí compuso sus más de 300 obras musicales, viajó el mundo y siempre regresó a su Camagüey.

Cuando muy pequeña estudiaba en la primaria Grandes Alameda que está justo frente a su casa. Cada tarde después del deporte, un grupo de niños entrabamos por el patio de su casa a tomar agua y comer pepinillos de la mata, guiados por  su sobrina-nieta, Claider.

En una cochera en el propio lateral, lo encontrábamos  sentado al piano, con sus lentes oscuros,  nos llamaba con cariño para invitarnos a escuchar cualquiera de sus temas, quién me diría que ese viejito agradable era una gran figura de la música cubana. Con los años supe de quien se trataba y creció mi admiración por él.

El 3 de septiembre se conmemora un nuevo aniversario de su viaje a la eternidad, quiero rememorar su vida, para que las generaciones del mañana conozcan que nuestro Camagüey también aportó a muchos de los Grandes.

Allué como padre y amigo

Conversando con su única hija  María del Pilar, conocimos del padre de familia que supo llevar la instrucción de su descendencia a la par del desarrollo musical.

Tengo muy buenos recuerdos de mi papá, nos dice… donde fuera con su combo siempre cargaba conmigo, al nacer mis tres hijos se encargó de enseñarles conceptos muy útiles para la vida, porque les decía que la instrucción debe ir aparejada a la educación. Les enseño música,  modales y los acercó a las artes en general  con gran paciencia. Por eso lo extrañamos tanto.

Buscando a otras personas que lo conocieron  llego a Luis Carlos Céspedes Fernández, director de programas de radio, quien habla con mucho cariño de sus dotes de maestro, y  tuvo la dicha de compartir importantes eventos junto al diestro pianista.

También asegura que hasta las últimas horas de su vida, Allué siempre conservó el oído intacto, a pesar de sus 87 años, tenía un oído musical ileso y siempre dispuesto a ayudar a los jóvenes, otra de sus virtudes; además de “ser amigo de sus amigos” hasta el final de su vida.

Según la Alondra

Una de esas amigas y alumnas del maestro, fue la Alondra Camagüeyana, Faustina Morán, quien bebió de la sabia de Allué para luego alzar su elegante vuelo musical.

En busca de otras miradas al compositor fui hasta su casa, también en la Vigía, con mucho gusto quiso hablarnos de su maestro. El fue maestro y gran amigo, contribuyo mucho a mi carrera música, me enseñó a proyectar la voz y a tener mejor expresión escénica.

Dice que  respeto y distinción para las damas era su ética, que  muchos  de los  éxitos del repertorio lirico con que triunfó en la capital él la ayudó a montarlos, entre ellos figuran:  Quiéreme Mucho, María Belén Chacón, Flor de Yurumí, María la O y casi todas las que cantó en sus buenos tiempos.                  

En los últimos tiempos

Ya muy mayor recuerdo que se sentaba en la sala, lugar donde actualmente aun está entre las ruinas y las piezas de un improvisado taller para bicicletas, su amado piano.

Allí cada tarde acompañada de la nieta y esposa regalaba sus últimas composiciones a todo el que pasara y quisiera compartirlas.

Por toda la gloria que mereció el maestro Jorge González Allué y no recibió totalmente, en vida, no puedo dejar de conmoverme al pasar cada mañana por su vieja Casona en la Vigía, una y otra vez puedo escuchar su piano ya con menos afinación, pero sin dudas son los acordes de su amorosa Guajira, obra musical que lo inmortalizó a nivel mundial, entonces sopla el viento y puedo sentir la ovación de su público, esa con la que sólo se despide a los Grandes.

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