Valores, formación de valores, fortalecimiento de valores, apropiación de valores, en fin…, hoy en día se habla de estos términos con gran facilidad y con muchísima frecuencia, desde profesores, maestros, directivos, intelectuales, profesionales diversos; y me he preguntado más de una vez ¿Sabremos ciertamente de qué hablamos?
Creo que se impone definir un tanto que el valor es la cualidad de algo o de alguien, a partir este principio podremos abordar el tema, claro, desde mi punto de vista.
Los valores…
Estoy convencida que los valores humanos definen a una persona, la caracterizan, la hacen ser únicas, por eso defiendo tanto el tema y pienso que cada escuela, centro docente, formativo e incluso todo centro de trabajo debe prestarle mucha atención, pues si los tuviéramos más en cuenta hasta los resultados y rendimientos laborales podrían ser mayores y más eficientes.
Pero desafortunadamente no es así y pasa como decía mi abuela “…mucho ruido y pocas nueces…” Sí, porque nos encontramos entonces con la palabrería y no con la acción, en algunas ocasiones, lo que resulta muy negativo sobre todo en estos tiempos en que necesitamos tanto de la veracidad, la entrega y la dedicación.
He sido afortunada, pues he laborado en lugares donde este asunto ha sido primordial y decisivo para mi formación como ser humano y profesional, pues he tenido la dicha de ser dirigida desde mis inicios como estudiante, -que dicho sea de paso fue hace mucho tiempo-, hasta la vida laboral, por personas íntegras que en su accionar diario dejaban un sedimento en sus discípulos; por ser dignos maestros, directivos y jefes.
Podría estar hablando y llenando cuartillas sobre esto hasta lograr un folleto o tal vez un libro, porque mis vivencias ya cuentan algunos años, sin embargo, solo me referiré a mi último período laboral antes de mi jubilación, sí, porque no me he retirado, creo eso será cuando ya no tenga fuerzas para moverme y seguir andando.
Mi experiencia
Esos casi veinte años en los que aprendí y enseñé, en la Oficina del Historiador de la ciudad, de mi bella y tan querida provincia de Camagüey, allí, donde se practica el humanismo ante todo, la solidaridad y la colaboración, la ayuda a los trabajadores, la preocupación por ellos y su familia, el patriotismo y el honor, entre otros; allí viví tiempos inolvidables que dejaron recuerdos únicos en mi corazón. Gracias a la filosofía de trabajo que se practica en la institución, el respeto y atención hacia los trabajadores, -sean simples obreros o encumbrados especialistas-, se siente que todos tienen el mismo valor.
Por eso cuando oigo hablar de valores humanos, siempre me remito a ese lugar, al que recurrentemente acudo, ahora por mi función de colaboradora incondicional, pues todos los días, corroboro y afirmo que allí de verdad se cumple con el postulado martiano que dice, “(…) La patria está hecha del mérito de sus hijos (…)”


