Cuando Vladimir estaba en el Ejército Juvenil del Trabajo (EJT),allá por la década del 90, y tomaba agua en una botija de barro, lejos estaba de imaginar la magia que se levanta de una masa de barro para lograr esa y otras bellas creaciones.
Lo supo cuando, años después, convocaron desde la Fábrica de Tinajones de Camagüey (el tejar de San Miguelito) para aprender a confeccionar diversas vasijas utilitarias. Allí descubrió su vocación de artista, tornero y alfarero: Vladimir Mejías Vázquez.

Comienzo
Con mucha gratitud por aquel curso de inicio, recuerda su primer contacto con la masa de tierra húmeda, y el homenaje que rindió a su periodo militar en su primera exposición.
Otro momento importante para su carrera fue en el grupo VER, un colectivo de artistas-ceramistas, que mucho aportaron a la alfarería moderna en el territorio; sobre todo en los eventos de Barro y Fuego que de manera bienal convocaba la ACAA. Recuerdo con claridad cómo este grupo, compuesto por tres creadores: Vladimir, Enrique y Roberto, siempre se llevaban varios premios.
Su obra
Aunque Vladimir no renuncia a sus orígenes en la fábrica de tinajones, además de sus botijas muy peculiarescon agarraderas de soga y cuero, ya la versatilidad de su obra incluye figuras decorativas con diferentes animales, y una línea con temática africana; donde las mujeres con hermosos y coloridos turbantes son su actual motivación, según me confesó.

Perpetuar el oficio
Él no pensaba ser maestro, pero junto a su colega Enrique Cerulia, se unió en el verano pasado al taller de “Fantasía en Barro”; un proyecto de la Oficina del Historiador que ha tenido continuidad los fines de semana en el Museo Ferroviario, para motivar a niños y jóvenes interesados en el viejo y bello oficio de la alfarería.
Así, Cerulia trabaja con los niños y Vladimir con los jóvenes, pero en la prácticatodos se entrelazan como una gran familia, y su alegría es compartida. Así, en la más reciente muestra de la ACAA para aficionados y aspirantes, algunos de sus alumnos presentaron obras muy halagadas.
Con un poco de timidez me comenta que con los niños se siente muy realizado, pues cuando guía sus manos al torno por vez primera y vive junto ellos esa grata sensación del contacto con el barro húmedo, siente que está asegurando el futuro del oficio del que es parte hace ya más de 30 años.

Para este maestro alfarero, descubrir nuevos talentos en el moldeado del barro, le asegura que, aunque no se dediquennetamente a la producción, al menos aprecien el oficio; para que esa labor tradicional no se pierda.
Mis apuntes
Después de una agradable conversación con Vladimir, justo en la sede de la Asociación de Artesanos Artistas de Camagüey(ACAA), donde comercializa algunas de sus obras, me detuve a contemplar cada una de ellas; llaman la atención unas curiosas gallinitas de forma romboide, sus búhos patinados y también cachimbas y caballitos de mar.
Pero volvemos al inicio y nos reencontramos en la memoria con aquellas vasijas para beber agua en el campo, por las que descubrió su pasión por la alfarería, al sentir la humedad de la arcilla en sus manos; motivación que aún hoy lo acompaña,ante el nacimiento de cada nueva creación.


