No cabe dudas que la educación -como siempre hemos oído- de generación en generación comienza en la casa, continúa en la escuela y así sucesivamente un sinfín de slogan y frases manidas que en ocasiones nos parecen obvias e incluso aburridas de tanto oírlas; pero lo cierto es que estamos perdiendo muchas de estas cualidades que hasta hace algún tiempo nos acompañaban.
Desde niña cuando me sacaban a la calle a pasear y se pasaba entre dos personas que estuvieran conversando se decía: permiso, y acto seguido las personas se apartaban y respondían: bien pueda, o usted es dueño u otra frase que señalaba que se había escuchado la petición y se reconocía la decencia del permiso.
También pasaba que, en las aceras, casi nunca usted veía que las personas se estacionaban a conversar por tiempo indefinido y mucho menos como postes de la luz impidiendo el paso de cuanto transeúnte viniera pasando.
Entre frases y verdades
Pero como dice la frase, “como los tiempos cambian Venancio´´. Si somos más instruidos, y de eso no hay dudas, pues este país cuenta con un sistema de educación que ya quisieran muchos países del mundo poseer; entonces cómo es posible que estas prácticas ocurran, y lo más importante que pasemos por donde se producen y no sintamos desagrado o al menos inquietud ¿Será que la indolencia se ha apoderado de algunos de nosotros? No, me niego a creer en eso, prefiero pensar que como la vida está llevándose tan de prisa, en varias oportunidades no reparamos en estos “pequeños detalles que hacen ande un amor”.
Estoy de acuerdo, la escuela, como institución más importante de la comunidad juega un importante papel, yo diría que decisivo, pero ¿Y la familia? Al decir de los clásicos del marxismo, la célula básica de la sociedad ¿Dónde la dejamos? ¿Qué rol juega?
Los insto a revisar en esta jornada que vivimos por el educador, nuestro papel, nuestro accionar diario para con las nuevas generaciones, tanto si las tenemos en nuestros hogares, si solo son vecinos, amigos o simplemente conocidos.
Las costumbres y buenos hábitos que al parecer con el paso de los años se tornan antiguos son parte de nuestro patrimonio cultural intangible, de nuestro sello como personas cultas; resultan una obligación como seres humanos desarrollados para con las nuevas generaciones.


