Martí y yo nos conocimos hacia final de 1878. El Pacto del Zanjón nos había sorprendido a ambos en el extranjero: e él por una de las repúblicas de centro América, y a mí en Méjico. Fue en el bufete del célebre jurisconsulto, elocuente orador y exquisito amante de las letras, don Nicolás de Azcárate, donde nos vimos por vez primera.
En su bufete encontró Martí su primera ocupación, y allí le fui presentado por don Nicolás, allí nació entre los dos una relación íntima, que estrechó y fortaleció la identidad de nuestras opiniones respecto a los destinos de nuestra Patria.
Yo pertenecía como Secretario a un club revolucionario secreto, desde luego. Martí pertenecía a otro.
La labor de los que conspirábamos dio su fruto. En 1879 estalló la que se conoce en el vocabulario separatista con el nombre de la Guerra Chiquita, no porque careciera de empuje o de importancia, sino porque tuvo poca duración…para ayudar a los alzados en armas, para provocar nuevos alzamientos, los clubs habaneros estimaron conveniente unificar su acción; y a ese efecto se convocó una junta de los presidentes y secretarios de los clubs, que se celebró una noche, en la vecina población de Regla. En esa junta, se creó un Comité Central, cuya presidencia asumió Martí.
Pero, al cabo, la idea resultó funesta. Mientras los clubs trabajaban aisladamente, al Gobierno le era difícil conocer la existencia de todos y medir la importancia de su labor. Dese la reunión de Regla, su espionaje se hizo extensivo y eficaz, por la sencilla razón de que a la reunión de Regla habían asistido dos o tres miembros del club, que eran espías del Gobierno, y ponían a éste al corriente de cuanto sabían.
A las pocas semanas de estar actuando Martí como Presidente del Comité Central, fue preso.
Estábamos aún en la mesa, él, su distinguida esposa y yo…
Martí vivía en una casita, modesta, pero alegre y limpia, que aún existe: Amistad no. 42. Entre Neptuno y Concordia. Una mañana en que habíamos trabajado mucho en su bufete, y debíamos seguir trabajando en el arreglo de asuntos de interés para Las Villas, me llevó a almorzar a su casa. Estábamos aún en la mesa, él, su distinguida esposa y yo, cuando sonó la aldaba de la puerta de la calle. Su esposa se levantó y abrió.
…la señora de Martí dijo a este en voz alta: “El señor que vino hace rato a buscarte, y al que dije la hora que te podía ver, es el que ha vuelto…tras breves instantes, volvió a la mesa y con calma absoluta, dijo a su esposa: “Que me traigan enseguida el café, pues tengo que salir inmediatamente”, y siguió para su cuarto.
Dirigiéndose a mí me dijo: “Tome su café con calma: usted se queda en su casa, y dispénsame, pero es urgente lo que lo que tengo que hacer”. Desde ese día y esa hora, no volví a ver más a Martí.
Se llevan a Pepe, dijo angustiada y llorosa Carmen Zayas Bazán
En efecto, tan pronto como salió de su casa, su esposa, presa de una gran angustia, me dijo, con ojos llorosos: “Se llevan a Pepe; ese hombre que ha venido es un celador de la policía”. Con Azcárate recibí una llaves y el encargo de recoger en el bufete de Viondi, una pequeña maleta, para entregarla a D. Antonio Aguilera, Diputado Provincial entonces, que quedó en lugar de Martí. A los tres días de su detención salía el vapor correo para España, llevándose a martí para la Metrópoli…el general Blanco, capitán General de la Isla, prefirió deportarlo, a intentarle un proceso.
A los pocos días fui preso…
Cuando a los pocos días fui preso, conducido a la fortaleza del Morro y deportado a Ceuta… uno de los hombres más importantes de los clubs conspiradores Teniente Coronel de la Guerra de los Diez Años, se había puesto por venganza de lo que él estimó un desaire, al servicio del Gobierno.
Diez años permanecí en España: desde 1880 1890. Cuando a ella llegué, ya Martí había logrado escaparse y vuelto a América. Y cuando de ella salí, y regresé a Cuba, nuestros rumbos se habían distanciado tanto que no manteníamos siquiera correspondencia.
Fundé el periódico separatista La Fraternidad, Martí desde Nueva York me felicitó
Fundé el periódico La Fraternidad, netamente separatista. Denunciado un artículo titulado Por qué somos separatistas, encarcelado durante ocho meses, condenado a una pena relativamente ligera por la Audiencia de La Habana, a pesar de la brillante defensa de González Lanuza, llevé el caso al Supremo de España, donde defendido por D. Rafael María de Labra, obtuve, el reconocimiento que era lícita la propaganda del ideal de la Independencia.
Martí, al conocer mi campaña, me escribió felicitándome. Cuando más tarde fundó el Partido Revolucionario Cubano, en los Estados Unidos, ya estábamos de nuevo en correspondencia.
La última carta que Martí me escribió
Está escrita en la víspera del día en que salió para Santo Domingo a reunirse con el general Máximo Gómez. Para venir a morir a Cuba. Después de encargarme que me dirigiera, en lo sucesivo, a Gonzalo de quesada, de quien me decía “mi hijo espiritual”, terminaba su carta con estas frases nerviosas: “¿Lo veré…? ¿Volveré a escribirle…? Me siento tan ligado a usted, que callo…Conquistaremos toda la Justicia”.
Bibliografía
Gómez, Juan Gualberto (1974) “Martí y yo” La última visita− La última carta” en Por Cuba Libre, Editorial Ciencias Sociales, pp. 335-341.


