Nació en Puerto Príncipe, Camagüey, el 14 de enero de 1833. Ana es la sexta hija de Diego Betancourt y Ángela Agramonte y Aróstegui. El 17 de agosto de 1854 en la Iglesia de la Soledad contrajo nupcias con el joven Ignacio Mora de la Pera. Por iniciativa de su esposo no solo se ocupa en los quehaceres domésticos, sino que se cultivó con conocimientos y pudo aprender inglés y francés y alimentar su espíritu con rica literatura.
Se anticipó a su tiempo al exigir libertades para las cubanas durante la primera etapa de las luchas independentistas.En 1872 visitó al entonces presidente de Estados Unidos, Ulises Grant, para que intercediera por el indulto a los estudiantes de medicina acusados injustamente de profanar la tumba del periodista español Gonzalo Castañón.
Cuando su esposo, Ignacio Mora Pera, marchó a la guerra, Ana Betancourt Agramonte, como agente del comité revolucionario, quedó responsabilizada con el despacho de la correspondencia; el trasiego de armas, ropas y medicamentos, así como la búsqueda de información para los insurrectos.
Durante la guerra de los Diez Años
Después del alzamiento de los camagüeyanos, el 4 de noviembre de 1868, su casa se convirtió en un foco de revolución donde se depositaban armas y pertrechos que luego eran enviados a la manigua; y se hospedaban los emisarios que se dirigían a Camagüey desde Bayamo, Las Tunas y Manzanillo.
Ana también redactaba proclamas que llegaban al pueblo y a la tropa mambisa, a la que mantenía alerta sobre el movimiento de los españoles.
Enterado el gobernador de Camagüey de su activa colaboración, ordenó la detención de la patriota que comenzó a huir de finca en finca, donde siempre pudo encontrar apoyo.
Carlos Manuel de Céspedes refirió:
Según testigos presenciales, Guáimaro vitoreó su arenga y el presidente de la República en Armas recién electo, Carlos Manuel de Céspedes, se le acercó y la abrazó mientras le decía las siguientes palabras: “El historiador cubano, al escribir sobre este día decisivo de nuestra vida política, dirá cómo usted, adelantándose a sus tiempos, pidió la emancipación de la mujer”. Céspedes también le dijo que ella se “había ganado un lugar en la historia”.
Reconocimiento más que digno y representativo para el arranque y la virtuosa intervención de Ana Betancourt en los días luminosos de Guáimaro. Tenía razón Céspedes, el historiador cubano no ha dejado en el olvido las palabras de aquella extraordinaria mujer, y sería imposible hacerlo.
Sufrió prisión y penurias
El 9 de julio de 1871, estando junto con su esposo en Rosalía del Chorrillo, fueron sorprendidos por una guerrilla enemiga. Gracias a una estratagema logró que su esposo salvara la vida; pero ella cayó prisionera debido a que una crisis de artritis en las piernas le impidió huir. La mantuvieron tres meses bajo una ceiba, a la intemperie, en la sabana de Jobabo, como cebo para atraer al coronel Ignacio Mora. En esas condiciones tuvo que soportar hasta un simulacro de fusilamiento.
Habiendo enfermado de tifus, el 9 de octubre de 1871, logra deshacerse de sus captores y dirigirse a La Habana, desde donde salió hacia México para poco después radicarse en Nueva York.
Visita a los Estados Unidos para interceder por los estudiantes de Medicina
En 1872 visitó al presidente de EUA, Ulises Grant, para que intercediera a favor del indulto de los estudiantes de medicina presos por los sucesos de noviembre de 1871. En ese mismo año pasó a residir en Kingston, Jamaica, donde en noviembre de 1875 recibió la noticia del fusilamiento de su esposo. Regresa a Cuba, pero la pérdida la hace sufrir de forma espantosa.
Regresa a Cuba durante el Pacto del Zanjón.
Mantiene sus ideales, aunque marcada por la pérdida irreparable de su esposo. El 23 Junio de 1886 plasma ante Juan Ronquillo, Notario Público de la Real Audiencia su acto de última voluntad, pidiendo en este ser enterrada en el Cementerio General y que se le den además las tres misas de alma, cediendo además sus posesiones a favor de sus hermanos y designándolos sus albaceas, para que se encargaran de realizar los menesteres relacionados con su muerte.
Deceso
A sus 68 años de edad moriría en Madrid, el 7 de febrero de 1901. Recibe modesta sepultura en España hasta que el 26 de septiembre de 1968 Cuba repatrió sus restos. Fue entonces cuando, en abril de 1982, se le realizara un digno mausoleo en Guáimaro, donde reposaría losrestos de una de las precursoras de la emancipación femenina.
Referencias
Diago, Olivia: (2020) Vestidas de Patria. Editorial Verde Olivo.
Prensa Latina) https://www.radiohc.cu/noticias/nacionales/213898-recuerda-cuba-a-ana-betancourt-voz-de-emancipacionde-las-mujeres


