Fue leyenda y sigue siendo historia por sus deseos de luchar más allá de las fronteras de su país de origen.
Bolivia fue el último sitio que le acogió en sus deseos de ver a la América libre. Traía en sus venas la fuerza de Bolívar y los libertadores.
Cónicas, libros y memorias alrededor de su vida cuentan con detalles, los sucesos de aquel 8 de octubre de 1867, cuando cayó prisionero y al siguiente día fue asesinado en la escuelita de La Higuera por órdenes de la CIA.
Los paralelismos existen en la historia, aunque sean en épocas diferentes; y al leer los testimonios de ese día solo se puede recodar cuando Agramonte cayó prisionero: el temor hacia su persona por parte de los españoles y su espíritu de guerrero valiente, muy cercano a lo que vivió el Che en sus últimas horas.
Al Che y a Camilo se recuerdan cada año por su impronta para la historia de Cuba y por tanto que entregaron como lo hacen los hombres justos que luchan hasta el final incluso, con su vida.


