Algérico Lara Correa: un hombre de acción

Foto: Jose A. Cortiñas Friman
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Por: Abraham Sierra Quiros

En agosto de 1958 la policía batistiana en el pueblo de Santa Cruz del Sur buscaba a un hombre de estatura regular, unas 150 libras de peso, blanco y de pelo lacio. Alguien de mucha acción y «muy peligroso».

El día 18 un individuo fue detenido por coincidir con aquella descripción. Pero su aparente temperamento pasivo no coincidía con el sujeto buscado, y ante la falta de pruebas fue puesto en libertad.

La policía mantenía sus sospechas y fue puesto bajo vigilancia permanente. Estaban en lo cierto, pues se les acababa de escapar un importante miembro del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en la zona: Algérico Lara Correa.

Un muchacho humilde

El entonces propietario de uno de los garajes de venta de gasolina de la ciudad había nacido el 27 de enero de 1915. Llegaba al mundo en una familia muy humilde, hijo de Lauriana Correa y Rafael Lara, quien no tenía trabajo fijo ni oficio.

Cursó sus primeros estudios en una escuela pública hasta alcanzar el sexto grado. Al fallecer su padre abandonó los estudios y con 11 años trabajó como limpiabotas, ayudante en una carnicería y cargador de maletas.

A los 16 comenzó como recepcionista en una caseta del litoral y se adentró en el mundo de los pescadores y su explotación por los centros acopiadores.

Unidad frente a la explotación

Luego del ciclón de 1932 mantuvo su vínculo con el sector pesquero. Ante los bajos precios impuestos a las capturas de los pescadores más pobres, Algérico comenzó a reunir a todos aquellos con embarcaciones propias para organizarlos.

En 1934 surgió una efímera agrupación en forma de sociedad para obtener mejoras en el valor comercial del pescado y otros intereses. Dos años después Algérico se reunió nuevamente con los pescadores y planteó una agrupación en forma cooperativa. Cuarenta y siete hombres de mar se unieron a la iniciativa y el joven fue nombrado como responsable y presidente.

En medio de esto y con ansias de superación, cursó estudios de radiotécnico y aprendió sobre mecánica automotriz.

Hacia 1945 las ideas de cooperativización cobraron fuerza y un grupo de pescadores decidió fundar la suya. Buscaban protegerse de las desventajosas condiciones con respecto a los caseteros, acaparadores y especuladores. El 17 de noviembre de 1945 surgía oficialmente la primera cooperativa pesquera del país, y entre sus fundadores estaba Algérico.

El golpe, la dictadura y la radicalización

Su notoriedad pública lo llevó a ser elegido como concejal del Ayuntamiento municipal santacruceño por el Partido Revolucionario Cubano, Auténtico.

Sin una verdadera cultura política, confundido y ganado momentáneamente por la propaganda reaccionaria, aprobó los llamados Estatutos Constitucionales de abril de 1952 impuestos por Fulgencio Batista tras su golpe de Estado. Mas su sensibilidad popular e identificación con los humildes lo inclinaron hacia la oposición antibatistiana.

Al producirse los hechos del Moncada, trabajaba en su propio garaje en Santa Cruz. Pronto se incorporó a la Acción Armada Auténtica, conocida como Triple A, organizada en aquella localidad en 1954, y comenzó el reclutamiento de hombres y el trabajo clandestino.

El 26 de Julio en Santa Cruz

La primera célula del M-26-7 en el municipio nació el 25 de octubre de 1955, con Eliécer Betancourt Alemán, Nene, como coordinador. Sus miembros recaudaban fondos y emprendían acciones subversivas como pintar letreros, distribuir propaganda y sabotajes menores.

Desde septiembre de 1957 se incrementó la persecución contra los revolucionarios en Santa Cruz del Sur. Varios miembros de la dirección local del 26 de Julio fueron arrestados durante ese mes y el siguiente.

Poco después, Algérico Lara Correa y otros de la Triple A como René Guerrero López se acercaron e integraron al M-26-7, en cuyo nombre constituyeron células paralelas en casi todas las zonas del territorio.

El 19 de agosto de 1958, al día siguiente de su arresto y ya libre, el Movimiento indicó su incorporación a la lucha armada. Ese mismo día salió de la ciudad.

Los últimos días

A fines de septiembre transitaba por el municipio sureño la Columna No. 11 Cándido González, enviada desde la Sierra para establecer un frente guerrillero en Camagüey. El día 26 acamparon en San Miguel del Junco, donde Algérico se les incorporó.

Miembros del M-26-7 de Macareño alertaron al capitán Jaime Vega, jefe de la tropa, sobre lo peligroso de pasar en camiones por la zona. Sin embargo, Vega decidió continuar ese mismo día la marcha en vehículos, desoyendo a sus oficiales e incumpliendo órdenes del Comandante en Jefe Fidel Castro.

Cerca de las dos de la madrugada del 27, más de 200 hombres partieron de Pino 4 en una máquina y cuatro camiones. Algérico viajaba gravemente enfermo; según Justino Oquendo, este iba a su lado en el camión y se sentía mal.

A los pocos minutos, tras detenerse la caravana en un paso de línea férrea, cerca de Pino Tres, se desató una lluvia de plomo proveniente de una emboscada del ejército que esperaba el paso de los guerrilleros.

El sorpresivo fuego cerrado dispersó a los combatientes y provocó la muerte de 22 revolucionarios. Uno de aquellos mártires era Algérico Lara Correa.

Sus restos y los de sus compañeros fueron enterrados en una fosa común en el cementerio del poblado de Macareño, hoy Haití. Luego del triunfo de la Revolución los cadáveres serían exhumados y trasladados al Mausoleo de Pino Tres, donde el pueblo perpetúa su memoria y les rinde homenaje.

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