Por: Raúl de Jesús Cristovo Curbelo
Cuando Carlos J. Finlay estudió la fiebre amarilla, y por sus análisis llegó a la conclusión de que la transmisión de la enfermedad se realizaba por un agente intermediario, existe la anécdota que dice que, estando una noche rezando el rosario, le llamó la atención un mosquito zumbando a su alrededor. Entonces fue cuando decidió investigarlos.
Con los medios aportados por la comisión mixta hispano-estadounidense, fue capaz de identificar al mosquito Aedes Aegypti como el vector epidemiológico de la enfermedad. Sus estudios lo llevaron a entender que era la hembra fecundada de esta especie, la que transmitía la fiebre amarilla.
En febrero de 1881 fue a Washington D.C. como representante del gobierno colonial, ante la 5.ª Sesión de la Conferencia Sanitaria Internacional. El 18 de febrero presentó por primera vez su teoría de la transmisión de la fiebre amarilla por un agente intermediario, el mosquito. Su hipótesis fue recibida con frialdad y casi total escepticismo. Solo fue divulgada por una modesta revista médica de Nueva Orleans, a través del doctor Rudolph Matas, recién graduado en Medicina; quien había participado en la comisión mixta hispano-norteamericana en calidad de intérprete, por ser hijo de españoles.
De regreso a la Isla
De regreso a Cuba, en junio de 1881, realizó experimentos con voluntarios y no solo comprobó su hipótesis, sino que descubrió también que el individuo picado una vez por un mosquito infectado, quedaba inmunizado contra futuros ataques de la enfermedad. De ahí nació el suero contra la fiebre amarilla. El 14 de agosto de ese mismo año, presentó ante la Real Academia de Ciencias Físicas y Naturales de La Habana, su trabajo de investigación. Gracias a sus recomendaciones acerca del control del mosquito, pudo controlarse la diseminación de la enfermedad.
Por más de 20 años los postulados de Finlay fueron ignorados. Solamente después de terminada la guerra hispano-estadounidense, cuando el general Leonard Wood, gobernador de Cuba, pidió que se probara la teoría de Finlay, se volvieron a revisar sus trabajos de investigación; así como los experimentos que había realizado.
Reconocimiento a su sabiduría
A partir de este momento comienzan a llegar los reconocimientos internacionales, y en la mañana del 4 de noviembre de 1907, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, se le entrega la Medalla Mary Kingsley; como testimonio del reconocimiento que la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool le hacía por su descubrimiento del agente transmisor de la fiebre amarilla. En la ceremonia, presidida por el entonces Gobernador Provisional de la República, el estadounidense Charles E. Magoon, estuvieron presentes representaciones del Gobierno cubano, de la Universidad de La Habana, del Cuerpo Diplomático acreditado en Cuba y otras importantes personalidades de la ciencia y la cultura de aquel tiempo.
El lauro lo había recibido el Gobierno de la Isla por conducto del Ministro Británico, con la orientación de que se le adjudicara por el Departamento de Estado. Sin embargo, en virtud de los valiosos beneficios que su fecunda labor proporcionó a la humanidad, se consideró procedente hacerle entrega de este en un acto menos exclusivo y bien cargado de solemnidad, para hacer público el merecido reconocimiento a tan ilustre hijo de Cuba.
La noticia de dicho reconocimiento llegó a su natal Puerto Príncipe y el Ayuntamiento de la Ciudad, en la sesión ordinaria del 6 de noviembre lo informa:
Diose cuenta por el señor alcalde de que el día primero del corriente mes dirigió un telegrama al Doctor Eugenio Sánchez Agramonte, rogándole que en representación del Ayuntamiento concurriera al solemne acto de entrega de la medalla Mary Kingsley al sabio cubano nacido en Camagüey Doctor Carlos Finlay, descubridor de la transmisión de la fiebre amarilla por medio del mosquito; y que el Doctor Sánchez Agramonte había contestado que con honor y satisfacción había representado a Camagüey en este acto, conforme al encargo recibido = Con este motivo, el Teniente de Alcalde primero Doctor Moya, propuso y así se acordó por unanimidad, que se adquiera un buen retrato del Doctor Finlay, para ser colocado en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento = También se acordó a moción del Señor Pichardo que el crédito necesario al efecto, se incluyera en el Presupuesto ordinario del año fiscal venidero.
La respuesta del inminente médico no se hizo esperar, y el 13 de noviembre de ese mismo año el Ayuntamiento leía una carta de Carlos J. Finlay, extendiendo su agradecimiento a dicha corporación por haberlo felicitado y haber participado en los actos por la entrega de la medalla. Aunque no se llega a precisar si la propuesta del cuadro se llevó a efecto, para la posteridad quedó la intención de hacerle digno homenaje a quien supo poner bien en alto, con su descubrimiento, a su natal Puerto Príncipe.
Bibliografía
Archivo Histórico Provincial de Camagüey. Fondo Ayuntamiento. Acta Capitular número 78. pp 90-91.
Carlos Juan Finlay (1882). El mosquito hipotéticamente considerado como agente de trasmisión de la fiebre amarilla (presentación: 14 de agosto de 1881), Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de la Habana 18. pp 147-169.
Homenaje al doctor Carlos J. Finlay en la Universidad. Revista Facultad Ciencias y Letras, 1907;5(3). pp 271-279.


