Al llegar a la sede del Ballet Contemporáneo de Camagüey lo encontré sentado en el público, como cualquier espectador que asiste a un ensayo de la Compañía, sin embargo, su mirada lo delataba, pues seguía con atención los movimientos de cada bailarín. Si había algún error en los pasos su expresión se tensaba, si todo fluía, había una sonrisa de orgullo.
Les hablo de Ramón González Vidal, el Régisseur de la agrupación danzaria, ex alumno de Fernando Alonso, bailarín de ballet clásico por 20 años y luego profesor de danza contemporánea.
Para conocer de su vasta experiencia, partida en dos tiempos, salimos del tabloncillo y nos apartamos a otras lunetas. En el salón de espera, la música del ensayo, nos sirvió de fondo.
El bailarín
El profe Ramón es muy querido por los jóvenes que conforman la compañía, pues comparte sus saberes con amor. Su experiencia data de 1975, año en el que se graduó en la Academia Nacional como bailarín, en la especialidad de danza contemporánea.
Pero una sugerencia del profesor Fernando cambio su destino, pues lo invitó a recibir un curso de Ballet Clásico y al terminar incorporarse al Ballet de Camagüey, agrupación a la que asegura le debe todo lo que es hoy.
Allí tuvo la oportunidad de perfeccionar el estilo y el honor de participar en importantes presentaciones, como lo fueron El Ballet Coppelia y el Festival Internacional de Ballet de la Habana, que por esos años realizó sus primeras convocatorias; también de bailar en otras obras de estilos clásico y neoclásico, con las que enriqueció la técnica, que mucho le ha servido en su actual tarea como Régisseur desde 2016.
Países como México y Portugal han contado con su pericia en la formación de las nuevas generaciones danzarias. Hace unos meses regresó del segundo país antes mencionado y se reincorporó a la Compañía Contemporánea, donde baila a través de los pasos de sus muchachos, pues les enseña de ambas técnicas, como bien dice.
Pensamientos para El Ballet de Camagüey
Gratitud y los mejores recuerdos guarda de aquello años felices, que siguen ligado a sus funciones y logros, pues compartió escenario con Regina María Balaguer, actual directora del Ballet; y a la vez fue profesor de nuevos bailarines, que hoy insisten en invitarlo a las presentaciones, para que opine sobre su proyección escénica.
Para Ramón resulta gratificante que muchos de sus alumnos ya sean profesionales y lo sigan llamando profesor. Seguir vinculado le da un orgullo sano, que lo mantiene activo y su mayor satisfacción es que su hijo también estudió ballet, y se cuenta entre sus alumnos destacados.
Su vida es la danza y pudo ejercerla hasta los 40 años. Sus diferentes bailes le permitieron no encasillarse en un solo estilo y contar con esos saberes que hoy comparte en el Ballet Contemporáneo, para seguir logrando en sus alumnos aquellos movimientos que no alcanzó en su vida activa, pero recibe como regalo en cada presentación.
Ahora regresamos al tabloncillo, sube la música y me invita a disfrutar de la obra en montaje. Gracias por tanta entrega, por reverenciar sus orígenes junto a Fernando Alonso y sobre todo por educar




