En esta provincia de horizontes infinitos, donde la llanura se funde con el cielo en una línea tenue y el sol calcina los adoquines del centro histórico, el pronóstico del tiempo no es una simple información que va de casa en casa. Aquí, saber lo que ocurre arriba es saber lo que ocurrirá abajo: en los campos, en las presas, para los pescadores de la costa norte y en la pista del aeropuerto internacional.
Cada 23 de marzo, mientras el mundo celebra el Día de la Meteorología, en Camagüey la fiesta es más bien una jornada de vigilia. Porque para los especialistas del Centro Meteorológico Provincial, el día no es solo para conmemorar, sino para recordar por qué hacen lo que hacen: observar el cielo para proteger a la tierra y sus habitantes.

El ojo que todo lo ve
Al salir de la ciudad, entre los dos aeropuertos, hay una cúpula blanca que gira incansablemente. Es el radar, el gran centinela. Durante años fue un MRL-5, un veterano de guerra tecnológica que, a base de ingenio y repuestos fabricados por los propios especialistas del Centro, se mantuvo firme vigilando tormentas locales severas y la danza errática de los huracanes.
Pero los meteorólogos camagüeyanos no solo trabajan con la máquina; la han mejorado. La digitalización de la señal, el aumento de la resolución y el alcance no son fruto de la casualidad, sino del sudor de técnicos y electrónicos que, muchas veces contra el bloqueo y la falta de piezas, lograron que la antena siga hablando y traduzcan con mejor precisión. Por esa pericia de sus ingenieros, desde hace unos años el Centro nacional de Radares radica en Camagüey, comparten espacio y servicios, pero son independientes.
Hoy, ese ojo electrónico no solo ve la lluvia, es capaz de mirar dentro de la nube, de distinguir la gota gruesa que anuncia una granizada devastadora para una zona local o los cultivos, o la rotación del viento que podría preceder a un peligroso tornado.
La observación
Sentado frente a sus monitores, el licenciado en meteorología Rixis González ajusta una imagen. “Mira”, dice señalando una mancha roja en la pantalla. “Eso que ves ahí es una tormenta que se está formando sobre Sierra de Cubitas. Hace veinte años, la hubiéramos visto cuando ya estaba encima. Hoy, podemos avisar con dos horas de antelación a las comunidades. Esas dos horas pueden ser la diferencia entre perder un techo o poner el ganado a salvo”.
Mientras Luis de León, otro de los especialistas del Centro de Pronósticos Camagüeyano, nos comunica el parte en la radio, para que, quien pueda escuchar temprano salga al trabajo con sombrilla en mano.

Más que datos, un servicio a la gente
Alfredo, un productor de arroz en Vertientes, lo sabe bien. Llamó por teléfono temprano. “¿Habrá agua este fin de semana, viejo? Es que voy a sembrar la parcela y no quiero perder la semilla”.
Al otro lado de la línea, en el puesto de vigilancia, una especialista chequea los modelos numéricos y el comportamiento del radar. “Alfredo, puede que llueva el sábado en la madrugada, pero será débil. Si siembras el viernes, la semilla estará bien. Eso sí, el lunes viene agua más firme, prepárate”.
Esa conversación, que ya se repite decenas de veces al día, pues los campesinos han ganado en experiencia para manejar las variables meteorológicas y utilizarlas a su favor, es la esencia del servicio oportuno. Los meteorólogos camagüeyanos han aprendido a traducir el lenguaje técnico en consejos útiles para la gente. No solo informan; guían.
Este próximo 7 de julio, el Centro Meteorológico de Camagüey celebrará 60 años, en este aniversario de tantos servicios y acompañando a su pueblo en cada ciclón, paso a paso, es justo reconocer a hombres y mujeres que suman desvelos a cada pronóstico.
La confianza
La Defensa Civil en la provincia lo confirma: “Cuando ellos emiten un aviso de ciclón, huracán o de fuertes lluvias, nosotros activamos los planes. La confianza en sus datos es total. Sabemos que detrás de cada pronóstico hay horas de chequeo, de comparar el radar con las estaciones automáticas y con otros modelos de pronósticos del mundo, de discutir en el colectivo”.
Su servicio con pronóstico en la radio, la televisión y desde hace un tiempo en las redes sociales, se agradecen siempre, pues de ellos muchas veces depende una celebración al aire libre, un acto público o simplemente la siembra del campesino que nos garantizará los alimentos.
Homenaje
Este 23 de marzo, día mundial de lameteorologíase celebra desde 1950, por un convenio de las Naciones Unidas, al crear la Organización Meteorológica Mundial, OMM.
En Cuba, esta es una carrera en la que todos nos hemos graduado, pues ante las inclemencias del clima, seguimos cada parte, comentamos y agradecemos conocer cómo se vivirá la jornada del día siguiente. Son nuestros guías en temporada ciclónica y en todas las estaciones.
Al caer la tarde, el radar sigue girando. Las pantallas del centro continúan encendidas. Y ellos, los meteorólogos, seguirán elaborando sus observaciones, para que todos los demás podamos caminar seguros hacia adelante.
Desde Camagüey, el mejor pronóstico es el que llega a tiempo, y el mejor homenaje es el que se escribe con trabajo, ciencia y corazón.A ellos,guardianes del viento y la lluvia, gracias por afinar la mirada para que la tormenta o el frente frío, nunca nos tomen por sorpresa: ¡felicidades!


